Una tragedia en el mar

Antonio Nores Quesada

A MARIÑA

PEPA LOSADA

08 nov 2025 . Actualizado a las 13:18 h.

El 14 de octubre del 1810, en plena guerra de la Independencia contra los franceses, una escuadra hispano-británica zarpa del puerto de La Coruña al mando del Capitán de Navío D. Joaquín Zarauz con la intención de recuperar una serie de puertos como Gijón y apoderarse de las plazas de Santoña y Guetaria, así como renovar sus dotaciones y dotarlas del municionamiento preciso, en lo que tenia por llamarse la «Expedición Cántabra».

A lo largo de la costa, y habiendo dejado Gijón debidamente atendido, llegan a Santoña sin graves contratiempos, pero es en este puerto cuando, una vez fondeados, se levanta un fuerte temporal del NO, obligando a los buques a realizar maniobras de urgencia para ponerlas a seguro. Es en estas maniobras cuando la fragata Magdalena y el bergantín Palomo pierden sus anclas principales y naufragan cuatro cañoneros, aunque no consta pérdida de vidas humanas.

El 29 de octubre, mejorando aparentemente el tiempo, se decide abandonar Santoña y regresar a sus correspondientes bases, cuando ya de regreso, a la altura de Viveiro, una nueva tempestad los obliga a refugiarse en la ría de este nombre. Es en la noche del 2 al 3 de noviembre cuando dos embarcaciones, la fragata Magdalena y el bergantín Palomo, al haber perdido sus anclas principales en Santoña y haber fondeado con las auxiliares, comienzan a garrear, debiendo picar los mástiles para evitar la gran deriva que se estaba produciendo, lo que les llevo a embarrancar en los islotes de Os Castelos y en la cercana playa de Sacido. De la tripulación de la fragata fallecen todos los marinos a excepción de tres y del bergantín también toda menos el Comandante, un Alférez de Navío, y veinte marineros, parte de los cuales se encontraban en tierra calafateando un bote de servicio. No se conoce el número de tropa, no perteneciente a la marinería, sino a la de los cañoneros hundidos en Santoña, que los reembarcaron indistintamente y sin el debido control, en los barcos que quedaron útiles para la navegación, entre ellos los dos de los que estamos tratando, por lo que se puede estimar que el número total de fallecidos supera los 650 hombres.

Como dato curioso se puede señalar que el Comandante de la Magdalena, el cadáver del Capitán de Navío D. Blas Salcedo fue encontrado en la playa abrazado al de su hijo de igual nombre. Tal circunstancia dio lugar a que las Cortes de Cádiz publicasen una Real Orden prohibiendo que en la Armada Española, y a partir de ese momento no embarcasen juntos en un mismo barco padres e hijos o hermanos, Orden que fue copiada más tarde por las Armadas de otros países.

Como homenaje a los fallecidos en este desagradable suceso, la Real Liga Naval Española desde hace quince años en colaboración con la Armada Española, organiza unos sencillos pero sentidos actos en recuerdo de los náufragos en el mismo lugar donde hace doscientos quince años ocurrieron estos hechos.

Este homenaje se llevará a cabo este domingo,día 9 de noviembre, en la playa de Covas-Viveiro, ante el monumento a los náufragos, en Os Castelos.

* Antonio Nores Quesada, delegado provincial de la Real Liga Naval Española.