«O que tiñamos antes eran flores se o comparamos co futuro que nos vén»

Los comerciantes de A Mariña asumen con firmeza su papel en la lucha contra el cierre de Alcoa secundando el paro

s. c.
Viveiro / la voz

Comerciantes, profesionales, clientes... Vecinos, al fin y al cabo, de A Mariña, mostraron con rigor su compromiso con la lucha de todos por el futuro de la planta de Alcoa. El seguimiento de la huelga en las tiendas fue elevado, vaciando por completo villas como la de San Cibrao o Xove, las más cercanas al complejo fabril de Alúmina por la que hoy todos peleaban.

?El panorama en las calles xovenses era rotundo, contadas personas que se atrevían a andar por las aceras. «Total, non hai nada que facer, a onde se vai ir?», le preguntaba Marina a Lola, mientas las dos descansaban las piernas en la marquesina del autobús al pie del edificio del Concello. Ésta le respondía que el ambiente no invitaba ni a moverse, que «van todos en Santiago e aquí non quedou ninguén». «Normal que vaian, hai que intentalo e pelexalo, pero pouco se vai conseguir...», le respondía Marina, con pena. La conversación seguía mientras ni una sola alma se movía en Xove, con la práctica totalidad de sus establecimientos cerrados, fueran del tipo que fueran, desde la óptica hasta los bares y restaurantes, dejando un ambiente desértico en una mañana inusualmente fría de julio. Señalando los carteles propagandísticos de las elecciones que se acercan, estas dos vecinas comentaban si llegaría una solución para el problema que todos los mariñanos tenemos. Lola continuaba el debate con una frase que resume la situación: «non o sabíamos, pero o que tiñamos antes eran flores se o comparamos co futuro que igual nos vén por diante». Poca respuesta se puede ofrecer a esto.

En la colindante San Cibrao la situación no era muy diferente. La única puerta sin candado en la mañana de ayer era la de la farmacia, a la que los ciudadanos entraban casi comprobando antes si realmente estaba abierta y si dentro había alguien. Esa fue la tónica en todos núcleos de población mariñanos, desde su punto más oriental hasta la frontera provincial con A Coruña.

Los que no tenían todo cerrado actuaban «a medio gas, como se fose un festivo». Así definía la situación Vicente, un autónomo dedicado a la distribución desde las calles de Covas, en Viveiro. «A min non me quedou outra que traballar, teño os clientes fixos, pero moitos deles nin abriron», añadía el empresario. Cuenta que le comentaban muchos de sus compradores, supermercados, restaurantes y tiendas de alimentación en general, que «non podían seguir máis tempo pechados, pois segundo dicían xa bastante perda tiveron nos meses do estado de alarma».

En aquellos tiempos que le comentaban a Vicente, de confiamiento y reclusión forzada, tuvimos una muestra de lo que puede llegar a ser nuestro futuro si se pierde esta batalla. Y ayer se pudo ver un nuevo simulacro, pues las desérticas calles de Xove y San Cibrao no serán un espejismo que dura tan sólo un día si no llegan pronto medidas urgentes. Si todo fuese bien, en sus raíles, hoy mismo Viveiro debería estar a reventar, recibiendo a sus queridos «resus» por la decimoquinta edición del festival. Pero, por desgracia, la realidad es otra, la de la huelga y la reivindicación, la de la lucha de A Mariña, que se resiste a darse por vencida.

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