Alfonso del Llave del Mar

Capitán José Pino

A MARIÑA

30 may 2020 . Actualizado a las 11:07 h.

La historia se remonta al naufragio del barco de su padre y tíos, el García Hermanos, un vapor de 19 metros que había sido construido en Zumaya en 1943 y perteneciente a la flota burelesa, durante la costera del bonito de 1953. El 12 de junio, a los mandos de Emilio García, sufre una vía de agua a 200 millas al oeste de Vigo. Con mal tiempo y fuerte marejada, toda la tripulación se afana en las labores de achique. La caída de la noche le aleja de su cuadrilla, de la que pierde el contacto visual. Ante un desenlace que se intuye nefasto, parte de la tripulación construye una balsa de madera con las varas del bonito y las panas de la nevera que sirven para encasillar la pesca. Amarrándola en la popa, continúan el trabajo de achique por mantener el barco a flote. Con la llegada del día comprueban que han perdido la balsa y, tras 23 horas peleándose contra la adversidad y el ya seguro hundimiento, aparece milagrosamente el bonitero francés Raymond de Martine para salvar a los doce tripulantes, que conduce al puerto vigués.

Este acontecimiento, que supuso una apertura de esperanza y de vida, determinó el nombre de una de las sagas más conocidas del puerto de Burela. El barco construido para cubrir la baja se le nombró Llave de la Vida. Encargado en el afamado astillero zumaitarra Bedua, en 1954, fue el primer barco de motor diésel de la flota burelense, con un Duvan-Unanue de 100 HP.

En 1964 lo sustituye un pequeño arrastrero de 25 metros, el Llave del Cielo. Construido por el carpintero de ribera Florentino Fernández en su astillero de La Villavieja de Ribadeo, equipa un Duvan-Unanue de 250 HP. Vendido a Ribeira a finales de los setenta, donde finalizaría sus días, ocupa su lugar en 1978 el Llave del Mar, arrastrero de acero de 30 metros con un MTM de 750 HP. del astillero avilesino de Aniceto Ojeda, posiblemente el constructor de los barcos mejora dotados estéticamente de la década de los ochenta. El Llave del Mar vivió los aconteceres y progresos del caladero del Gran Sol reconvertido en palangrero hasta su baja, en diciembre del 2013, siendo uno de los conocidos y referentes de la flota mariñana. Entre medias Alfonso acometió la construcción del último de la saga, el palangrero de superficie de caladeros internacionales Llave de Burela, un Cies de 43 metros, del 2002, que porta el nombre de su localidad por el mundo.

Nos deja prematuramente un hombre vinculado por y para el mar, dialogante, profesional, conciliador y pieza fundamental de la evolución pesquera de A Mariña del siglo XXI, desde cargos institucionales hasta a pie de muelle su labor fue encomiable.