El vestuario del Resurrection Fest es muy variado y pintoresco, así como los tatuajes de los asistentes
14 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.El Resu tiene atmósfera propia y eso se respira cada día de festival. La música suena durante horas y horas y contagia con su propio mundo a quien está en Viveiro.
Entre las camisetas negras, los vaqueros cortos y el merchandising de grupos, se cuelan brazos, piernas, espaldas e incluso torsos llenos de tinta. Los tatuajes son una ventana a la historia de cada persona o simplemente una pintura sobre el propio lienzo que es el cuerpo.
Dani, de Madrid, nos enseña su pie en el que ha decidido marcar una pequeña tijera y una raya a puntitos, como indicando esa separación de los dedos de la que carece. Alfonso, de Carballo, trata su piel como un escaparate de arte. «Sempre me gustaron as artes marciais. Levo tatuaxes tradicionais xaponesas, porque me gusta moito este estilo», dice.
Probablemente Luís, de A Coruña, también hizo su gesto de amor correspondiente a la música al ceder su brazo y recoger en él su pasión.
Desde Madrid llega Laura, con los símbolos de muchas amistades tatuados. ¿El más especial? El que tiene junto con una amiga en referencia a su editorial de literatura infantil. Las serpientes también están presentes, simplemente porque le encantan. De animales va la cosa también si vemos la pierna de Pablo, de Carballo, que representa su decisión de ser vegano. Para él, además, el Resurrection Fest tiene un significado excepcional: su grupo Hongo es uno de los integrantes del cartel.
Hablando portugués nos encontramos a Marco, vocalista del grupo Tales for the Unspoken y que ha decidido dejar la marca de su grupo en la espalda. Andrea, de Valladolid, nos muestra el tatuaje de su pierna que recoge los especiales personajes de la película La Novia Cadáver. En su espalda también tiene la frase «Siento, luego existo», reflejo de su vida, dice.
Siete personas, muchas historias, gustos diversos y un amor común: la música. Con sus ojos transmiten ilusión por estar en el Resu. Con su piel transmiten el lenguaje de los tatuajes.
Un «daruma» japonés como símbolo de los propósitos pendientes
Agus ha llegado desde A Coruña para vivir con sus amigos el Resurrection Fest. Al preguntarle sobre su tatuaje más especial, no duda ni un segundo: el daruma japonés que lleva en el costado.
Nos cuenta que se lo hizo hace años, con el equipo de artes marciales del que forma parte. ¿Por qué un daruma? Por ser el amuleto de los propósitos. Esta figura es símbolo de la perseverancia, y se regala cuando alguien pretende cumplir un objetivo que le llevará esfuerzo y sacrificio. El monje que representa tiene solo un ojo pintado. La base de este mito es el monje budista Bodhidharma, que, según la leyenda, tras muchos años meditando para alcanzar la iluminación, se arrancó los párpados.
Estas figuras se fabrican de varios colores y se colocan en un lugar visible, donde la persona no se olvide de cuál es su meta y cuál es su propósito. Por muy arduo que sea el camino. Si finalmente se alcanza, se pinta el otro ojo de la figura. «Cuando todos consigamos el cinturón negro, pintaremos el otro ojo», explica Agus con ilusión.