As Catedrais


Excusen mi ingenuidad, pero me pregunto si es preciso recurrir a expertos para que concluyan que, en efecto, en As Catedrais caen piedras. Mi pasmo no acaba ahí. Resulta que la Xunta tira por la calle del medio y sospecho que buscando eludir cualquier responsabilidad propone, provisionalmente, eso sí, que se cierre el acceso a grutas, cuevas, arcos y túneles de As Catedrais. Así, a las bravas. Sin medias tintas. Y lo hace ante la condescendencia del Concello. Sorprende la escasa beligerancia de un ayuntamiento que hasta hace bien poco ponía el grito en el cielo por cuestiones bien menores sobre As Catedrais. Recuerdo cómo se puso el alcalde, Fernando Suárez, cuando el de Barreiros fue invitado por la Xunta a la presentación del plan de conservación.

Parece como si nada pasara. Como si cerrando cuevas, arcos, grutas y túneles, As Catedrais fuese a mantener su magnetismo. En las charlas de bar se protesta, pero las declaraciones públicas se miden al máximo. Apenas Acisa ha expresado la preocupación por un impacto en el turismo que puede ser demoledor. ¡Faltaría más!

Pero vayamos un punto más allá. Busquemos responsables. Porque la playa de As Catedrais está ahora más o menos igual que hace un par de meses. ¿Qué ha cambiado? La fatalidad de un accidente mortal. Si no hubiese ocurrido, nadie se habría planteado precintar el acceso a cuevas y arcos y todo seguiría igual por no se sabe cuánto tiempo. La conclusión es obvia: As Catedrais estaba siendo mal gestionada y de aquellos polvos vienen estos lodos. Porque que cierren As Catedrais es una cosa, y que comulguemos con ruedas de molino otra.

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