Obispos: Cyprianus


El Reino de Galicia estuvo constituido por las sedes episcopales. La más al norte primero fue Britonia -Mailoc (561-572): «Ad sedem Britoniorum ecclesias que sunt intro Britonos una cum monasterius Maximi et Asturias». Así se deduce de lo señalado por Pierre David, pues la invasión de Gran Bretaña por los anglosajones en el siglo V desencadenó una persecución que obliga a los habitantes de las islas a huir, y un grupo de cristianos encabezados por su Obispo lo hace hacia el norte de Galicia, como otros lo hacen hacia la península de Cornualles y algunos más, hacia lo que será la Bretaña Francesa. Más tarde y gracias a Rudesindus se constituye la Diócesis Britoniense-Dumiense, ahora Mondoñedo-Ferrol.

Los que deseamos saber, indagar, documentar nuestras convicciones culturales, debemos acudir al placer que produce consultar los archivos de la Diócesis en Mondoñedo. Esa ciudad desde la que tanto mandaron sus prelados, y que a modo de ejemplo nombro a Pedro Pacheco Ladrón de Guevara, que llegó a ser Virrey de Nàpoles; Beltrán de Guevara, autor de una excelente y sabia frase: «El aconsejar es un oficio tan común que lo usan muchos y lo saben hacer muy pocos»; Manuel Navarrete y León de Guevara, un alavés de esa hermosa y rica Rioja (Elciego); Diego de Soto Varela; Juan de Lierno; y sobre todos, el mejor alcalde para Mondoñedo, Sarmiento. Y es que conviene recordar que hasta 1883 el Obispo era el señor de Mondoñedo.

Pero como estamos en los últimos días de septiembre conviene recordar al Obispo que fue de Cartago entre el 249 y 258, al parecer por elección de los pobres, sufriendo la envidia de presbíteros que toleraban muy mal sus antecedentes de riqueza familiar, desde la que repartía a los más necesitados, así como su talento para la retórica. Fueron tiempos muy revueltos para la curia. Continuas diatribas entre Obispos, y la derivada del poder de Roma, cuyo emperador Valeriano la emprende contra los Cristianos del norte de África.

Existe la leyenda de que fue decapitado pero su cuerpo es trasladado a Roma por unos marineros, de ahí la relación protectora del santo con las gentes de mar; esto explicaría la existencia de una capilla (siglo IX) dedicada a su devoción para cristianizar un importante enclave celta, esa Isla de La Atalaya donde sin duda hubo una importante actividad marítima con el correspondiente culto «pagano» que como era costumbre, los Cristianos sustituyen por la advocación del propio culto.

Cambio de día de la fiesta

La fiesta de Cyprianus -16 de septiembre, cambiada al 26 para evitar su coincidencia con Santa Eufemia de Trasbar- se relaciona con el final de la costera del bonito, aunando la dura etapa en la mar con la disponibilidad de ganancias tras el reparto de los quiñones, justificando los deseos para convertir tales fechas en una fiesta de las tripulaciones que han regresado a tierra con el fruto de todo un verano faenando, lejos de las familias y compartiendo las estrecheces de aquellos ranchos con tablas de madera y colchones rellenos por hojas de maíz, en pequeños barcos de madera comprados, de segunda mano, a los vascos.

La celebración, con baile, tiene lugar en un caserón almacén regentado por las hermanas Josefa y Erundina «de perna de pao», con procesión del santo tal como aparece en la foto que se adjunta, del Puerto de Arriba, paseando la imagen de San Ciprián en los alrededores de su capilla.

Como siempre acudo para consultar a Cervantes: «La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, el ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir».

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