Cayetano: «Fui capitán del Dépor por superstición»

Jugó 121 partidos en Segunda División como defensa del Deportivo y del Compostela

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VIVEIRO / LA VOZ

Cayetano Tomás Navarrete Parapar (Viveiro, 1960) aún mantiene el honor de ser el mariñano que más temporadas defendió la elástica del Deportivo de La Coruña. Vistió de blanquiazul desde 1986 a 1990, llevó el brazalete de capitán y entre sus estancias en A Coruña y Compostela acumuló 121 partidos en Segunda División.

-Guarda buenos recuerdos de sus inicios en Viveiro, ¿no?

-Fueron buenos tiempos. Empecé a jugar con los mayores con 15 años y todo fue muy bonito. Creo que en cuatro años ascendimos tres categorías hasta Tercera. Aprendí mucho de los veteranos. Teníamos un vestuario maravilloso, con algún jugador de Ferrol que vino de categorías más altas y mucha gente de Viveiro.

-¿Era más difícil entonces hacerse ver por los equipos grandes de Galicia?

-Entonces el Deportivo y el Celta no tenían ojeadores a nivel gallego y los equipos de A Mariña apenas trabajaban la base. Cuando te empezaban a conocer ya tenías 17 o 18 años. Ahora se hace un seguimiento mucho mayor y el Viveiro, por ejemplo, trabaja mucho más la cantera, desde benjamines y con equipos en Gallega. Por eso hay muchos más mariñanos en las grandes canteras gallegas.

-Usted probó por el Real Madrid.

-Hice dos pruebas. Una con 14 años en Vigo. Y otra en Madrid, a la que fuimos Folgueira y yo. Estuvimos dos días, pero poco caso nos hicieron.

-¿Demasiado nivel?

-En Segunda me enfrenté a muchos de los que había allí. Éramos muchos y muy pocos llegan a brillar en un Real Madrid.

-Luego Racing de Ferrol, Dépor, Lugo y Compos. ¡Vaya currículo!

-Pocos equipos gallegos de categoría nacional me quedaron (risas). Era muy joven cuando fui a Ferrol, pero allí fue donde más a gusto me encontré. Pasamos muchos problemas, pero yo acababa de salir de Viveiro y allí aprendí a labrar mi vida. Me acogieron con mucho cariño, todavía mantengo muchos amigos y conocí a mi mujer.

-Y le valió el salto al Deportivo.

-Fue mi etapa de mayor plenitud deportiva. Fueron cuatro años larguísimos. Uno jugando el playoff de ascenso; otro salvando la categoría, y quién sabe si la supervivencia, en el último instante; otro alcanzando las semifinales de la Copa del Rey; y luego otro playoff.

-¿Qué significa para usted haber sido capitán del Deportivo?

-Todo un orgullo. Y más porque solo llevaba un año allí. Fue por superstición. El equipo iba mal y nadie quería llevar el brazalete. Me tocó llevarlo contra el Hércules y ganamos 3-0. Por eso luego me votaron los compañeros para que siguiese.

-Allí lo entrenó Arsenio Iglesias.

-Como entrenador todo el mundo sabe ya lo grande que fue. Le estoy muy agradecido porque siempre confió en mí. Nos vemos de vez en cuando, cuando hay eventos del deportivismo, y recordamos viejos tiempos.

-Le faltó jugar en Primera...

-Uno como futbolista aspira a lo máximo. Me dio pena porque me fui del Deportivo y del Compostela un año antes de que ascendieran. De todos modos estoy contento de lo que hice como jugador. Aquella Segunda División era muy potente.

«¿Volver a entrenar? Se sufre mucho en el banquillo, es desagradable y solitario»

El viveirense, aún afincado en A Coruña, disfruta ahora del fútbol desde la distancia, «como espectador».

-¿Sigue vinculado al fútbol?

-Hoy en día solo como espectador.

-Probó como entrenador...

-Sí, en el Bergantiños, cuando dejé de jugar lo cogí un año. Pero lo dejé pronto.

-¿No le gustó la experiencia?

-Se sufre mucho en el banquillo, es muy desagradable y solitario. Estaba cansado de tantos fines de semana ocupado, sin apenas ver a la familia... Cuando eres entrenador estás solo, si no es en categorías altas no te compensa económicamente. No me gustó la experiencia. Para entrenar hay que tener muchas ganas y yo en estos momentos no las tengo.

-Cuando ve al Deportivo actual, por ejemplo, ¿le recuerda en algo a su época?

-Ha cambiado mucho. Desde que llegó Guardiola se apuesta mucho más por el balón. También están mejor físicamente. Yo cuando llegué al Dépor era el primer año que teníamos preparador físico. También los campos eran peores. El fútbol es ahora mucho más rápido.

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