La actriz de Mondoñedo, Manuela Rei, musa del teatro lisboeta, enamoró al rey Pedro V de Portugal
14 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Al contrario de lo que muchos piensan, el Día de San Valentín, dedicado al amor y a los enamorados, no lo inventó El Corte Inglés. La fiesta ya se celebraba en la Edad Media en Inglaterra y Francia. Para celebrarla, traemos hoy historias de amor de A Mariña aún sabiendo que hay tantas, tan insólitas y singulares como cuántos protagonizan un sentimiento que, como decía Lope, solo puede definirse con «quien lo probó, lo sabe».
Algunas historias son gozosas, otras trágicas. Pero los mejores amores, sin duda, son los soñados. Esos son los preferidos de Cunqueiro. A él le importaba más el sentir que la realidad, más la música que la propia letra del amor. Una de ellas da cuenta de una de las mujeres más hermosas que conoció el siglo XIX. Vivía en Lisboa hacia 1840 y era actriz. Era pequeña, morena, los ojos verdes. «Miró para ella el rey de Portugal y se enamoró», dice don Álvaro, que informa que vivieron muy felices «dos o tres años».
Ella estaba enferma y tosía mucho. Se llamaba Manueliña Rei Lopes y, al morir, dejó todas su joyas _algunas de la propia Corona de Portugal_ a los pobres de Lisboa. Su entierro fue multitudinario, apoteósico. Al ver pasar su cadáver, desde una ventana de su palacio, el desdichado rey gemía y se lamentaba como en un fado: ¡Ay perdiz!, ¡Ay contento!..». Según Cunqueiro, la Rei procedía de la Inclusa de San Pablo y San Lázaro de Mondoñedo. Era hija de padres desconocidos. A los 12 años salió de criada para la casa de unos labriegos y a los 18 ya estaba en Lisboa, vestida de seda, aprendiendo francés. «¿Dónde anduvo esos seis años?», se preguntaba, «¿Qué horas gastó y dónde en refinarse, pulirse, hacerse esa gentil damisela que enamoró a todo Lisboa y al rey fidelísimo de Portugal?». Y él mismo responde: «Misterios del enorme misterio femenino. Nunca se sabrá».
«A muller lirio»
Quién sí sabe _y mucho_ de ella es Antonio Reigosa, el cronista oficial de Mondoñedo. En un documentado y hermoso trabajo titulado Manuela Rei, a muller lirio, señala que, en realidad, la actriz nació en la ciudad episcopal el 1 de octubre de 1842 con el nombre de María Manuela Ramona Rey González.
Reigosa dice que en un libro dedicado a ella _el número 3 de la colección Os Contemporáneos, editado en Lisboa en 1867_ se relata que, cuando tenía 4 o 5 años, pasó por Mondoñedo una compañía de teatro itinerante que se hospedó en la fonda en la que trabajaba la madre de Manueliña, una viuda que tenía diez hijos. Como la niña conquistara el corazón de los comediantes, éstos la pidieron en adopción. Comenzó así, para ella, otra vida de teatro y farándula bajo la influencia de un tío tutor.
El cronista mindoniense dice también que Gamallo Fierros, en los años 60, cuestionaba esa versión y aseguraba que Manuela había nacido en 1842, hija de Andrés Rei Expósito y de Francisca González, entonces solteros y vecinos de la parroquia de San Vicente. Cuando se casaron, cinco meses después de nacer Manueliña, tuvieron siete hijos más.
Según Gamallo, la actriz vivió en Mondoñedo hasta los 10 años y a los 14 ya estaba en Lisboa adonde marchara _en opinión (o imaginación) de Cunqueiro recogida por el polígrafo ribadense_ como criada de algún miembro de la familia Barro, de Viloalle.
Debutó como actriz
Lo cierto es que ella debutó en 1856 como actriz de una compañía de teatro en Lisboa, según afirma el historiador J. César Machado que asistió personalmente a la función. Y a partir de ahí, logró grandes éxitos y fama en todo el país con obras propias o del teatro portugués, y al lado de actores como Rossa, Tasso, Emilia das Neves o Soller.
La mindoniense _a la que el citado libro describe de
Manuela Rei falleció en febrero de 1866 a causa del tifus en su casa de la lisboeta Plaza da Figueira, rodeada de amigos, escritores y actores. Está enterrada en el Cementerio dos Prazeres y sus funerales fueron seguidos por miles de personas, algo solo comparable a los del propio rey Pedro V de Portugal, muerto cinco años antes...
El lamento del rey ante su muerte, pues, solo tuvo lugar en la rica imaginación de Cunqueiro. Y es que el ilustre mindoniense sabía, sin duda, que los amores soñados son los mejores... Pero Manuela Rei, al cabo, fue la mejor actriz del teatro portugués de la época, todo un mito y una referencia en el vecino país.
Manuela Rei
Lopes dejó todas sus joyas a los pobres de Lisboa
crónica de mariñáns-amores singulares por martín fernández
Placa que recuerda en el cementerio mindoniense un querer sereno y también desdichado
Del amor sereno _el que Borges decía que prefiere las mañanas, el centro y la serenidad a los atardeceres, los arrabales y la desdicha_ hay varios casos en A Mariña.
En el cementerio viejo de Mondoñedo, por ejemplo, una placa de bronce recuerda uno, sin duda, enorme: el que el famoso impresor Candia _Joaquín Candia Teijeiro, que era de Cabarcos (Barreiros)_ le profesaba a su esposa, la ferrolana Josefa Somoza.
Se murió
Cuando ésta murió, a consecuencia del parto de una criatura que nació sin vida, el desconsolado impresor colocó una placa en el nicho donde está enterrada que dice así: «Aquí yace Josefa Somoza de Candia con el desdichado ser que de sus entrañas fue extraído sin vida. Falleció el 24 de octubre de 1.854, a los 34 años de edad».
Un soneto
En misma placa, el amante marido esculpió este soneto: «Poco tiempo ha durado mi ventura/ que en la unión conyugal se cimentara/ y al placer que fugaz me enajenara/ sucedieron el duelo y la amargura/. Después que a tanto amor la parca dura/ me arrebata una esposa, prenda cara/ a quién todas mis ansias consagrara/ sólo penas el alma ya me augura/ si, dulce esposa, penas y quebranto/ acibarán los días de una vida/ de que el solaz ha sido el encanto./ ¡Oh! Desde la mansión donde acogida/ te dio el bondadoso Dios, recoge el llanto/ del que te ha finado y no te olvida».
Amores no convencionales en la obra de Cunqueiro
La obra de Cunqueiro es pródiga en tipos e historias de amor raras, no convencionales. Una de las más insólitas es, sin duda, la que protagonizó el demo Cobillón que enamoró a Doña Florinda, viuda soriana, con una ventosidad que olía a nardo...
La descripción del hecho demuestra que Cunqueiro podía relatar cualquier cosa desde su calidad técnica y su prodigiosa genialidad: «Coidando il, co seu saber de demo, que o viño aromado que bebera xa estaría nas tripas baixas, apañou forzas e ceibou un grande e sonoro meteoro, que tal tamborilou nas súas bragas cinguidas coma redobre de parada. E toda aquela cámara se encheu dun docísimo cheiro a nardo florido, co cal a viúda botouse nos brazos do demo Cobillón...».
La dulce Ribeiriña, Valadouro
Otra historia suya no común sucede al describir el acto de concesión a Mondoñedo del título de Ciudad que le otorgó el rey Alfonso IX, el Baboso, en el año de 1156, según él con la firma del pertinente documento en una carballeira de Bacoi (Alfoz).
Cunqueiro dice que fue «al aire libre, en un dulce septiembre, a la sombra de unos castaños, viendo al escribano rasguear en el pergamino en una mesa de fortuna». Y sugiere la decisiva intervención e influencia en esa decisión real de la amante del Rey, probablemente de O Valadouro, la dulce Ribeiriña, que en ese acto se encontraba «un poco alejada del rey, pero mandándole de vez en cuando con sus hermosos ojos negros».