El mero hecho de insinuar que se comienzan a apreciar síntomas de recuperación en la economía parece un despropósito cuanto tantos mariñanos la están sufriendo en sus carnes, y lo que es peor, sin atisbar una salida. Lo que ocurre es que salir a la calle, como ha pasado este fin de semana en Ribadeo, y según me cuentan en Viveiro y en otras localidades mariñanas, y verlas llenas de gente, paseando, consumiendo, charlando animadamente... invita al optimismo. Que A Mariña tiene en el turismo y en el sector servicios uno de sus pilares para prosperar, con más margen de crecimiento y de generar sinergias es incuestionable. Por eso, que en el puente se hayan llenado hoteles no es un dato despreciable, todo lo contrario, porque consolida una tendencia. Cuando en el horizonte no se aprecia otra Alúmina en ciernes, ver las calles llenas de gente anima a ver la botella medio llena. No queda otra.