Museos y particulares se repartieron sus restos

La Voz

A MARIÑA

21 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Un 2 de noviembre de 1810, en medio de un temporal, el oleaje arrastró a la fragata Magdalena hacia la zona rocosa de Os Castelos, en Covas. Ahí acabó destrozada por los embates del mar, en un naufragio que se cobró unas 500 vidas. A principios del siglo pasado, en torno a 1912, se descubrieron los restos de esa embarcación militar. Comenzó entonces la extracción de piezas metálicas, de madera y de cerámica que ha reducido ese patrimonio arqueológico a la parte inferior de su estructura de madera y a numerosas balas de cañones.

«Escasos y dispersos»

Anteayer, en el Casino de Viveiro, el arqueólogo subacuático Miguel San Claudio Santa Cruz resumió lo sucedido con la Magdalena explicando que había sido «objeto de intervenciones que lo único que han dejado son restos escasos y muy dispersos». Piezas «muy interesantes», en opinión de ese investigador, muchas de las cuales se han descompuesto o se encuentran «en un estado lamentable» al ser sacadas del fondo marino y no recibir un tratamiento adecuado. En definitiva, «por falta de criterios claros de conservación».

Hoy por hoy, aparte de «en numerosas colecciones privadas» y casas particulares, hay vestigios de la Magdalena en Viveiro, en el Museo do Mar de San Cibrao, en los museos navales de Ferrol, Madrid y Cartagena, en el coruñés de San Antón o en el de la Construcción Naval de Ferrol.