Los ladrones entraron en torno a las siete de la tarde en un piso de la céntrica Avenida de Galicia forzando la puerta a golpes
02 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El puesto de la Guardia Civil de Ribadeo, con una treintena de agentes, incluido un equipo especial de vigilancia creado el pasado año, continúa sin sorprender a los ladrones que desde hace tiempo parecen campar a sus anchas por el municipio. El desparpajo y la impunidad con la que actúan los delincuentes, perpetrando todo tipo de hurtos, está provocando alarma en la ciudadanía y una creciente sensación de inseguridad. El pasado martes, a los ladrones no les importó actuar a las siete de la tarde, en un céntrico piso de la Avenida de Galicia, forzando a golpes la puerta y destrozando el marco.
Este robo se suma al ocurrido hace unos días en una vivienda unifamiliar del barrio de A Palmeira, en Ove, donde los ladrones entraron por dos ventanas de la parte trasera. Son los delitos que trascienden, pues la Guardia Civil tiene orden no informar de las denuncias que se presentan. En cualquier caso, lo que ha salido a la luz pública en los últimos meses refleja de desparpajo con el que actúan los ladrones, que incluso llegaron a entrar en la casa del sargento de la policía municipal y en un piso en el que vive un capitán de la Guardia Civil que trabaja en Asturias. Y todo ello sin que se haya practicado detención alguna.
En el caso del robo del pasado martes, los ladrones actuaron entre las siete menos cuarto de la tarde y las siete y media, cuando no había nadie en el piso. Reventaron la puerta a golpes, que pudieron escuchar los vecinos. Pero, lógicamente, a esa hora nadie sospechó que se tratase de un robo, sino de una reparación o algo parecido.
Los cacos apenas estuvieron unos minutos dentro de la vivienda. Entraron en una habitación y se llevaron una caja con diez relojes. Supuestamente, al escuchar cómo alguien subía en el ascensor (un vecino de arriba) huyeron, llevándose un abrigo de piel y dos bolsos que había en la entrada del piso.
La víctima llamó a la Guardia Civil y le informó de que sospechaba de dos individuos (un varón joven y alto y otro grueso) que habían estado repartiendo publicidad por la mañana, ya que encontró los mismos folletos tirados delante del piso, probablemente al huir.
Entre las víctimas figuran el sargento de la policía local y un capitán de
la Guardia Civil