Rememorando a aquellas hermanas televisivas que se hacían llamar Supertacañonas, podríamos titular el derbi del domingo en el histórico Cantarrana con un escueto «Penalti y se acabó». Esa acción, que se produjo en el minuto 51, fue el detonante y lo que marcó el color del partido.
Las miradas de reojo entre los entrenadores en el calentamiento hacía suponer que hasta el último momento no tendrían clara la disposición táctica para el choque. Finalmente, Chano, muy mermado en el mediocampo por las ausencias de Alonso y Bruno, trató de abrir los espacios en la zona de creación del rival y jugar a la espalda de su fornida y bien plantada defensa, capitaneada por Germán y que pocas opciones dio al Viveiro. La velocidad iba a ser las mejor baza de los viveirenses, pero un incombustible Diego Núñez se hizo dueño y señor de la anticipación y la destrucción del juego ofensivo del contrario, Mientras tanto, la línea ofensiva del Ribadeo no conseguía sumar a la multitud de balones suministrados por Diego la profundidad necesaria para llegar a la portería de Quico.
Tras un toma y daca y sin juego cerca de las áreas, en un despiste defensivo del Ribadeo, o una pillería del Viveiro, según se mire, llegó el 1-0. Fue lo único destacado del primer tiempo.
La segunda mitad comenzó con más de lo mismo, pero con más intensidad e incorporaciones ofensivas de Germán, tratando de crear una superioridad ofensiva por alto. El partido dio un giro en el minuto 51, fatídico para el Viveiro. Rego fue expulsado, lo que obligó al Viveiro a avances y repliegues constantes que exigían mucho desgaste físico. Con los locales buscando el empate con garra terminó un partido del que el Ribadeo sale muy reforzado.