«Viveiro triplica su población para convertirse en una especie de zoco»
17 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El día veintisiete hay que ir a Galdo, la tierra de mis antepasados, donde los labradores reniegan de tanta contaminación, ante la pasividad de todos los que debieran de luchar por defender sus cosechas. Es el mundo donde todavía el sol mide las jornadas y la lluvia patrocina la artrosis. Y uno desea aclarar que la esclavitud no es una lacra del pasado. Es la cuna del sufrimiento y el silencio.
¿Qué culpa tiene Magazos para olvidarme de la fiesta de Santa Ana? Aquella fiesta era un misterio gozoso, por aquello de que Viveiro siempre tuvo un rosario de fiestas que, como las flores, salpican el valle. El día da Santa Ana, allí, en un botiquín? cambió mi vida, por culpa de un ?cerollo? de Galdo en forma de mujer. ¡Cómo para olvidarme! Te debo mucho, Magazos. Los que sabemos que existen los momentos felices, todavía vamos-y pasaron treinta y cinco años- a tomar la cerveza a aquella hermosa pista cada veintiséis de julio. Aunque ya no haya fiesta y sólo estemos nosotros.
Magazos, desde Viveiro, es la hermana mayor de Xunqueira do Val das flores. Tierra silente y de plegaria, alma de leyenda?por eso navego, con mi maestro Nicomedes, en mi lanchita de papel, Landro arriba, para recrearme en la paz de la compañía de mirlos, lavanderas, gaviotas?y mis sueños
Pero ?engedellar, engedelleime? en Galdo. Los ?cerollos? (ciruelas) siempre me gustaron mucho. Y uno tenía forma de mujer. Cosas de mi imaginación. ¡Hay aquel ciruelo blanco donde enterramos a nuestro tierno perro o Sil! ¡Qué azúcar más meloso! Hoy hay que ir a misa, y disfrutar de san Pantaleón alrededor del atrio, y saludar a los amigos de la parroquia, con toda la gente engalanada y el sabio D. Enrique Cal Pardo presidiendo. Después sesión vermú, y unos críticos musicales juzgando a la cantante por su físico. Yantar en la casa de la familia?y requesón. San Pantaleón gana la liga de las orquestas. Y uno aprovecha la coyuntura para rememorar la jira a Portochao con las lanchas engalanadas. ¡Qué pena que cosas tan bonitas y baratas se pierdan!
Termina el mes con la feria del primero, la llegada de ese enjambre de emigrantes, ya nacionales ya extranjeros, gentes de las aldeas que bajan a la Villa, turistas nacionales o de cualquier otra procedencia y Viveiro triplica su población para convertirse en una especie de zoco o gran centro comercial donde las iglesias o las estatuas le confieren esa singularidad diferenciadora.
Agosto, mes del arte
Agosto es el mes del arte por antonomasia. El tiempo aparca en Vivero sus reales nubes y las deja descansar, y las conversaciones, indefectiblemente, giran sobre si les permitirán ir a la playa. El tiempo, que en inverno es largo y monótono, escasea en agosto y, si bien uno quisiera poder gozar del sosiego necesario, se ve sumergido en la vorágine, y sólo dispone de visiones fugaces para contemplar las exposiciones de gente como Pepe Luís Neira que, a base de azules, rojos y amarillos, nos sumerge cual náufrago en la galerna. O de Loly Cora, cuyas buganvillas florecen con especial sensibilidad?Son sólo dos ejemplos del pasado año. Después están los libros, que si bien algunos resultan unos pestiños, otros, en cambio, confío me resulten provechosos: Miguel Sande, Vicente Míguez y el de los ?Poetas olvidados?-la palabra POETA merece las mayúsculas- son tres que se presentan y que me van a interesar. Quizás haya alguno más.
También quiero robar tiempo al reloj y las obligaciones para escuchar la música Folk del grupo de Bágoas o de la orquesta Bing Band, que me parecieron otras veces muy interesantes.
Y ahí está el Resurrection Fest (veinticinco mil jóvenes avalan su éxito musical en una demostración clara de educación y civismo). El Festival del Landro, (con su fenomenal orquesta, verdadera plataforma para futuras figuras de la canción como la eurovisiva Lucía Pérez) la Mostra Folclórica Internacional (donde la incombustible Mari Carmen Chipe nos sorprende cada año con las exquisitas danzas de cientos de países. Nuestro buen amigo Xulio Xiz, maestro de ceremonias). Si cuanto antecede nos sorprende que pueda ser organizado por un pueblo de dieciséis mil habitantes y con tan escasos recursos, a mí, lo que me encantan, son los cabezudos. Y la algarabía de los niños tras la Bruja, los conciertos de la magnífica Banda, ver jugar al Vivero CF?y subir a San Roque.
Subida al Monte
Para muchos de nosotros la subida al Monte supone llevar el morral del corazón lleno de ilusiones, unas de gratitud y otras de dolores. Y uno allí se convierte en el perro que lame las llagas de la vida y le pide a nuestro Patrón-con el permiso de Santo Tomás-por un pueblo víctima de los egoísmos de algunos vecinos y también, cómo no, por sus seres queridos.
crónica viveiro y sus gentes en la memoria (ii)
«El Festival do Landro, verdadera plataforma para futuras figuras de la canción»
«El tiempo aparca en Viveiro sus reales nubes y las deja descansar»