Andar constituye un aliciente extraordinario para estas tres mujeres. Dolores, cervense afincada en Viveiro, ha transmitido la afición a su hija y a su nieta
09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Dolores Neira Pernas, cervense afincada en Viveiro desde los 19 años, prefiere desplazarse andando que en automóvil o en cualquier otro medio de transporte. Lola, como es conocida, nació en Rueta, y tal vez de ahí le viene la afición por caminar. «Desde allí tenías que andar dos kilómetros y medio para llegar a Cervo, donde estaba todo, y ya desde jovencita me gustaba más ir andando que en coche», cuenta. Tras casarse se mudó a Viveiro, pero ha mantenido la costumbre.
A Lola el médico jamás ha tenido que aconsejarle pasear para cuidar su salud. «Voy a todos lados andando y al tener hábito te da igual recorrer dos que recorrer 20 kilómetros...», explica. Su marca se sitúa en 36 kilómetros, en uno de los tramos del Camino de Santiago que realizó en 2010, junto a un grupo de caminantes de Xove. Partieron de O Cebreiro y recalaron en la plaza do Obradoiro, completando una etapa cada domingo (uno sí, uno no).
«Desayunábamos muy bien y ya no parábamos para comer hasta el final, salvo para tomar algo; así aguantábamos muy bien toda la ruta», indica. Kilómetros y más kilómetros «sin una ampolla». El secreto radica en utilizar buen calzado, «botas especiales, ropa que transpire...». Un buen equipamiento constituye el mejor aliado para el caminante. A Lola le gusta mucho andar en grupo. «No me importa ir sola, pero tengo miedo a torcer un tobillo o a que pase algo», señala, aunque no ha sufrido percance alguno.
Cada una a su ritmo
A esta mujer ágil y diligente no se le resisten ni la ruta a las minas de A Silvarosa, cada mes de septiembre, ni las expediciones por los Picos de Europa o por las Médulas. Procura no perderse ninguna oportunidad de completar una buena marcha, ya sea organizada por el Seminario de Estudos Terra de Viveiro, la Asociación Deportiva Xove o cualquier otro colectivo de amantes de las excursiones a pie. «Yo tiro mucho de mi hija...». Con su marido dice que no hay manera -«él va en coche a todas partes»-. Rosa sí suele apuntarse a las caminatas, aunque muchas veces las crisis de asma y la alergia la disuaden. «A mí me gusta andar, pero voy a mi ritmo, muy lenta; cuando hay una ruta yo ya les digo que voy de coche-escoba», apunta.
La más joven de la saga, Alba, de 11 años, sigue los pasos de su abuela. «Por carretera le gusta menos, pero monte a través es feliz», asegura su madre. La pequeña sale con su padre, participa en la ruta de A Silvarosa y disfruta tanto como los mayores. «Le interesa todo lo relacionado con el deporte, estuvo en la escuela de fútbol y ahora está en la de baloncesto. Y también va al Conservatorio», añade.
«Andando se me cura todo»
«Caminando se me cura todo, no pienso... Te cansas, llegas a casa y aunque tengas algo al revés ya no te afecta. Duermes mejor...». Lola solo encuentra ventajas en esta afición a la que no querría renunciar por nada del mundo. De hecho, destaca, entre los peregrinos que recorrieron juntos el Camino de Santiago se hallaba una mujer de 76 años, muy difícil de alcanzar. Cuando no anda, Lola se dedica a las labores, su segunda afición; y Rosa, a leer. Esperan que 2011 les depare buenas caminatas. Lola ya ansía que llegue Semana Santa para intensificar las salidas a pie.