San Acisclo, Trabada y San Tirso de Abres recrearon ayer una actividad que solía implicar a todos los vecinos de cada pueblo. Hubo música y comida abundante
22 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Las antiguas mallas se han transformado en los últimos años en un auténtico espectáculo, que sirve tanto a los jóvenes como a muchos foráneos para descubrir la antigua forma de desgranar el cereal. Ayer coincidieron tres mallas en A Mariña y el Occidente de Asturias y todas concitaron a buen número de curiosos, además de las personas que se implicaron de manera directa en el trabajo.
En la parroquia focense de San Acisclo celebraron la quinta edición de esta fiesta, una merienda-cena en la que abundaron la empanada, los chorizos, los torreznos, el pan cocido en un horno tradicional, el bizcocho, el vino, el café y, por supuesto, la queimada. La organización corrió a cargo de Casa Cacheiras y del Concello de Foz, que contaron con la colaboración de la casa de turismo rural A Roxa, Gasóleos Lanzós, TTES López Seijas y MJ Oficina Administrativa.
En Trabada se desarrolló la sexta edición la fiesta promovida por la Asociación de Amigos da Malla de Vilapena. En este caso, la actividad comenzó a media mañana y se prolongó hasta la noche, con un menú por 12 euros que incluía, como no podía ser menos, pan cocido de forma tradicional. Un grupo de gaitas de Vegadeo animó la jornada y durante la velada sonó música de acordeón. Todo en un ambiente muy agradable, con mucho calor, como ocurrió en toda la comarca mariñana.
La Festa da Malla de Trigo cumplió ayer ocho años en San Tirso de Abres, como una de las citas destacadas de la Semana Cultural. Para comer sirvieron cocido tradicional, a 12 euros por persona, y la música más popular sonó a lo largo de todo el día en el recinto.
Hoy, la cita es en Xove
En la parroquia de A Rigueira llevan ya tres años recreando las viejas mallas de cereal. La actividad se lleva a cabo en la Casa do Muíño, en el lugar de Vila. Será hoy, a partir de las 17.00 horas. La vivienda donde se celebra esta malla data del siglo XIX y cuenta con dos molinos y un horno que ha sido restaurado por sus propietarios. Merece la pena acercarse para disfrutar de la arquitectura y de la máquina de mallar, de la década de los 50, que pertenece a Nilo Abad Martínez.