El padre toca la tuba y el hijo, la trompa. Estudiaron juntos, coincidieron en la Banda de Viveiro y ejercen la docencia. Nada les une tanto como el viento
20 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La tradición musical de Viveiro ha calado en la familia Iglesias. Luis empezó en la Escuela Municipal, en 1963, y al año siguiente se incorporó a la Banda. «No tenía antecedentes familiares, Cayo López, que trabajaba en Gráficas Fojo, era el concejal de la Banda e iba buscando chavales para la formación».
Así entró él y en seguida le adjudicaron la tuba, luego también aprendió a tocar el trombón. «Por los medios que había entonces esa era la forma de pasarlo bien, durante el verano actuábamos en unas 30 fiestas, recorrimos toda Galicia», rememora este profesor del Conservatorio Profesional de Música de Viveiro.
Luis formó parte de Los Halcones, la orquesta constituida en la Banda, que actuó entre 1965 y 1969. «Después me fui a la mili, me licencié en el 71 y me dio por la vida bohemia, fui a navegar tres años, atravesé el Canal de Panamá dos veces, el norte de Chile y Perú, Nueva York... Y cuando volví me llamaron para tocar en un grupo, Los Píndaros, pero al poco de ensayar con ellos me llamaron Los Dominantes y eché ocho años», relata.
Su trayectoria profesional dio un giro importante en 1981, cuando se incorporó a la orquesta Variedades, hasta hace un par de años, cuando se disolvió. La música ha representado siempre su medio de vida y sigue siendo su gran pasión. «Estoy trabajando en una profesión que me encanta, si no me pagaran por ello tocaría igual», subraya.
Atraído por las partituras
De pequeño, Benjamín veía cómo su padre tocaba la tuba en casa «y estaba con las partituras de arriba para abajo». «A mí me hacía gracia e intentaba ver qué era aquello, ya de mayor estudiamos juntos, se reenganchó en el Conservatorio cuando comencé yo». Igual que le había ocurrido a su progenitor, pronto se incorporó a la Banda, tocando la trompa. «El instrumento lo escogieron por mí, porque hacían falta trompas. También estudié violín y me gusta mucho», cuenta.
Y un día Xan Carballal, su profesor de violín y director de la Orquesta de Xove, le invitó a sumarse. «Llevo casi 20 años con ellos -destaca-, ha sido una de las mejores experiencias, poder participar en una orquesta clásica con cuerda y otros instrumentos de viento es un lujo». Benjamín ha tocado en las sinfónicas de Galicia, Barcelona y Pamplona, con conciertos por medio mundo. «Es un profesional -presume su padre-, actuó incluso en China».
Ahora, Benjamín imparte clases en el Conservatorio Profesional de Música de Ferrol. «Me llamaron para la sustitución de un profesor y a raíz de eso estuve un año, aprobé las oposiciones y me quedé», refiere. La experiencia como docente «es muy buena», afirma. En sus clases hay alumnos de entre 7 y 24 años. Su padre enseña en el Conservatorio de Viveiro desde 1996 y en la Escuela Municipal de Música de Burela desde hace 12 años.
En septiembre de 2009, Benjamín y otros cuatro amigos instrumentistas de la Sinfónica de Galicia crearon Zoar Ensemble, un quinteto de viento clásico que ha ofrecido varios conciertos y ha sido premiado en un curso en Cataluña a comienzos de año. Las actuaciones llenan gracias, sobre todo, a la publicidad a través de las redes sociales. Por si fuera poco, el joven solista también integra el quinteto de metales Omega Brass Ensemble.
Más aficiones compartidas
A Luis la música le hace sentir bien: «Cuando estoy un poco deprimido cojo el instrumento, toco un par de horas, me desahogo y me quedo como nuevo». Benjamín recalca la influencia decisiva de su padre en su carrera y se confiesa consumidor de todo tipo de música. También comparten la afición por el fútbol.