Un maño y una focense fundaron hace 20 años la pastelería Amarena, en Foz. Su hijo continúa la saga, que viene ya de sus tatarabuelos materno y paterno
30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Pablo Gumiel Casas (Foz, 1984) representa a la quinta generación de empresarios por vía doble. Su padre, Antonio Gumiel Lafuente, es el cuarto eslabón de una saga de pasteleros originarios de Saviñán (Zaragoza). Y su madre, la focense Ángeles Casas Marful, es hija, nieta y biznieta de hosteleros. Juntos pusieron en marcha, hace ya 20 años, la pastelería Amarena, en Foz, donde???????también????????trabaja Pablo. Su hermana, Laura, regenta una bombonería en A Coruña, que expende chocolates elaborados por su padre en Foz.
«Mi bisabuelo ya tenía bares y mi abuelo gestionó dos, uno de ellos en el puerto, el Capitolio, emblemático de la generación de los años 40. Mi padre tuvo el bar del náutico y el de la playa y cuando nací yo montó una pastelería. Marcó mi destino. Soy la segunda hija, cuando mi madre se quedó embarazada dijeron, si es niño, abrimos un bar, si es niña, una dulcería», cuenta Ángeles, que se crió en la pastelería, se casó con un pastelero y tiene un hijo pastelero.
Antonio recaló en Foz hace casi 40 años. «Vine para trabajar dos meses, pero me encandiló una señorita...», confiesa el experto confitero, que aprendió el oficio con su tío y lo perfeccionó en Madrid. Ya casados, se marcharon a A Coruña. «Estuve de encargado de las cinco pastelerías César Blanco y después decidimos regresar a Foz y empecé a trabajar de comercial, como técnico demostrador [de materias primas y el proceso de transformación]», relata.
La herencia del Capitolio
Hasta que optaron por abrir su propio negocio, hace ya dos décadas. Un año antes el padre de Ángeles había traspasado el último Capitolio, en la avenida da Mariña, [hoy Xoyma], que combinaba pastelería y cafetería. «Nosotros solo queríamos confitería, no bar», subraya esta mujer, tan vocacional de la repostería como su marido. Nació entonces Amarena, el nombre de un fruto de sabor amargo, muy conocido y cotizado en las heladerías italianas, que les gustó por su sonoridad. Al principio se instalaron en la calle Rego, al lado de la playa, donde continúa el obrador, junto a la tienda. El primer año vendían helados, al siguiente ya incorporaron los pasteles. Y más tarde abrieron también un despacho en la céntrica avenida da Mariña.
Las tareas se reparten. Antonio se ha especializado en bombones y Pablo, en el resto de productos elaborados con chocolate [huevos de Pascua, figuras, piruletas, etcétera]. Ángeles se sitúa de este lado de la cortina que separa el obrador de la tienda. Ella se encarga de atender a los clientes [para muchos focenses siempre será 'Ángeles do Capitolio'] y de la decoración, uno de los elementos que distingue a Amarena dentro del sector. «En las cajas de bombones, en el montaje de cestas de nacimientos u otro tipo de eventos..., quizás seamos un poco diferentes a las demás pastelerías».
El mejor cacao, el criollo
La esencia del buen chocolate, una tentación a la que sucumbe toda la familia Gumiel Casas, radica en el cacao. «El mejor viene de Venezuela. Hay tres clases -señala Antonio-, el criollo, que es el de origen primitivo, el trinitario y el forastero. Cada uno se extrae de un árbol diferente». E igual que ocurre con el vino, varían las cosechas. El otro secreto, el de la casa, no lo desvela, ni él ni su vástago.
Ni Antonio ni Ángeles imaginaron nunca que sus descendientes seguirían sus pasos. Pero ahora están contentos y orgullosos. Trabajan duro, también domingos y fiestas. «Pero somos unos privilegiados porque nos encanta».