Pacientes en buenas manos

El practicante Gonzalo Couceiro ha atendido a «medio Viveiro» y ha logrado transmitir a su hijo mayor el entusiasmo por la medicina y por el deporte


La saga la inició el abuelo, el ferrolano Gonzalo Couceiro Rañal, asistente técnico sanitario (ATS). Cuenta Gonzalo Couceiro Insua, Zalito , que su padre llegó a Viveiro en 1935. Antes había trabajado en los barcos que transportaban a los emigrantes a Cuba y Argentina. «La travesía era tan larga que tenían que ir acompañados por un médico, él hizo muchísimos viajes», relata Zalito.

Después de tantas expediciones trasatlánticas, Couceiro Rañal recaló en Viveiro y se enroló en la fábrica de carrocerías Barro-Chavín. «A su muerte, en 1962, tomé el relevo. Siempre me gustó la medicina, por mi padre; quisiera ser neurocirujano pero las circunstancias lo impidieron, porque al fallecer, con cinco hermanos..., tuve que empezar a trabajar», relata.

ATS en Barro-Chavín

Zalito continuó en la empresa hasta el cierre, en 1981. «A veces era tremenda la responsabilidad que tenía, con 389 empleados, había que cuidarlos a todos para que no hubiera bajas; eran frecuentes los accidentes laborales, cortes, quemaduras, problemas en los ojos..., y también tenía que atender a la familia de los obreros, por los alrededores, cogía la moto e iba casa por casa, atendiendo partos y lo que hiciera falta».

Entretanto, el joven Couceiro Insua fue reconocido como el mejor deportista de la provincia de Lugo y el singular título le abrió las puertas para la docencia. El mismo día en que se inauguraba la sección delegada de Lugo, el germen del IES Vilar Ponte, se incorporó como profesor de educación física. «Bendijo el centro Luis Villares, cura de Vieiro, y yo fui el primero en meter el pie en el edificio, el 28 de octubre de 1968».

Cuando se clausuró la fábrica de Chavín, tras dos décadas de actividad, el practicante se incorporó al ambulatorio de la Seguridad Social, en Viveiro, y allí permaneció hasta la jubilación, hace tres años. Entonces solicitó autorización para continuar en activo y puso en marcha una clínica de enfermería, ubicada en la avenida de Cervantes, justo frente a San Francisco. En tantos años de ejercicio, asegura, «medio Viveiro» ha pasado por su consulta. «Viví una época gloriosa de la medicina, no había medios ni hospital en Burela, las carreteras eran muy malas y había que hacer de todo, intervenciones difíciles muchas veces», rememora.

Consulta y ejercicio

Gonzalo veía a su padre «cosiendo para curar a los pacientes» y aquel mundo no tardó en cautivarle. «La medicina me gustaba desde pequeño y me decanté por la traumatología porque estaba relacionada con el deporte», abunda. La familia conserva una memorable fotografía, Zalito y Gonzalo, padre e hijo, ataviados con la bata blanca en el centro de salud de Viveiro, el día de la primera guardia de urgencias del más joven de esta dinastía de profesionales sanitarios. Ahora trabaja en la clínica Santa Teresa, en A Coruña, y consulta en la clínica Fouz, en Viveiro, el último viernes de cada mes. La pasión por el deporte también la heredó de su progenitor, entrenador del Viveiro C.?F. entre 1970 y 1973.

«Tuve que empezar a hacer el equipo de nuevo», recuerda Zalito, jugador de fútbol y aficionado a la pesca submarina y a la natación. Ambos participan cada verano en la travesía de la ría de Viveiro. El hijo corre maratones por todo el mundo y él, junto a su mujer, la celeirense Lola Sánchez, hace el Camiño Primitivo, desde Covadonga. «Tengo buena forma física», constata. Y planea más viajes: «Cada mes de septiembre abandonamos España, este año queremos ir a la India».

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