«Llegamos a tocar a la vez cuatro hermanos y mi hijo»

La Voz

A MARIÑA

18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La presencia de cuatro hermanos Gómez Abella -Tito, Cardís, Mario y Óscar, todos conocidos por el apelativo 'de Mario', por su padre- y Ricardo, hijo de Cardís, en la Variedades, llamaba la atención. «En las fiestas antes bailaba muchísima gente y mucha se ponía delante del palco para ver la orquesta. Las comisiones hacían propaganda diciendo que tocábamos cuatro hermanos juntos». Los más curiosos trataban de identificarles y Cardís les ayudaba señalando con el dedo a los otros tres y al hijo.

En una ocasión, relata, sus padres, ya mayores, asistían a una actuación de la orquesta en las fiestas del Carmen, en A Pescadería (Viveiro). «Detrás había unos señores y estaban diciendo 'qué maravilla estar tocando los cuatro hermanos y un hijo, qué satisfacción para los padres verlos', sin saber que los tenían delante. Salieron encantados, orgullosísimos...». En aquella época los músicos viajaban en una r ubia -«eran coches viejos americano y los carrozaban de maderas»-. Una vez regresaban a casa y en la recta de Cangas, en Foz, a 80 ó 90 kilómetros por hora, acabaron en la cuneta. «El coche se quedó parado... Íbamos diez o doce y la carga. Siempre fuimos entre diez y trece, 'los apóstoles más uno', decíamos».

En casa de los ramistas

Cardís y los suyos recorrieron casi todos los pueblos de Galicia y Asturias y actuaron en salas emblemáticas de Oviedo o Barcelona. «Nada me extraña porque me he alojado en hoteles de cinco estrellas y he comido en tabernas o en casas de aldea, de las más humildes». Era costumbre que los integrantes de la orquesta, el día del patrón, comieran con los ramistas o con otros vecinos. Cuando Cardís empezó, con apenas 20 años, todas las chicas jóvenes querían invitarle a su casa.

Conserva el clarinete, «el instrumento de aire más bonito», y el violín. También tocó el saxo alto, «y al morir Barreiro» pasó al barítono. «Éramos casi autodidactos, en Viveiro solo había una escuela municipal de música, de una a dos de la tarde; y di clases particulares, el violín lo aprendí con Nito da Mona... Camacho y Carlos Adrán Gambón también me enseñaron».

Todo empezó el 10 de diciembre de 1930, día de Santa Eulalia, en Lago (Xove). Eran miembros de la banda y amigos, querían tocar juntos y en las llamadas 'secciones de banda' -«que se formaban para actuar en saloncitos pequeños», señala Cardís- casi siempre les tocaba separados. Entonces decidieron montar una orquesta. El nombre barajado en un principio, Novedades, se descartó ya que, como cuenta Carlos Nuevo Cal, cronista oficial de Viveiro, en un reportaje en La Voz de Galicia de A Mariña del 22 de noviembre del 2005, con motivo del 75 aniversario de la orquesta, era el nombre del teatro madrileño destruido por un incendio en septiembre de 1928.

Coñac y un singular torpedo

«Caja, bajo, yo con el saxo y un complemento más, y sin cantante». Son recuerdos de Cardís, lúcido y elocuente. Como la emoción incontenible de algún sacerdote en las misas cantadas por la Variedades. «Teníamos gran fama entonces, era pionera y buena para la época». O un fuego rezagado que soltó de las manos por temor a que explotara «y salió disparado, como un torpedo, por el campo de la fiesta», para asombro de todos y gran susto del botiquín de enfrente. La censura de las letras, que tenían que ser revisadas en el ayuntamiento. Y el coñac con que les sobornaban las comisiones en las verbenas para que tocaran??????media???????hora más.