Orozco, o el saber llevar el despacho a cualquier parte

Gadea G.Ubierna

A MARIÑA

La Voz comprobó que para ser alcalde ?no hace falta estar en el Concello

09 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Asegura tener algo de cargo de conciencia, «una espinita», por lo apretado de su agenda y, después de pasar un día con él, se comprende el porqué. En realidad, el programa del alcalde en un día de San Froilán no difiere tanto de cualquier otro: el miércoles, Día dos Maiores, se levantó a las 6.10 horas para leer la edición digital de La Voz y se acostó a las 1.00 horas. Entre medias hubo: ocho reuniones, dos pulpadas, una degustación de rubia galega, pasodoble, cumbia, flamenco, varias intervenciones en distintos actos y muchos, muchos apretones de manos. «Nunca he entendido al político que se queja, esto es algo voluntario, que yo hago porque me gusta», aseguró tajante.

Como todos los días, el miércoles 7 de octubre comenzó con un café a las 8.15 horas en uno de los locales próximos al Concello. A continuación, reunión rutinaria con varios concejales «para ver cómo van las cosas». Después, junta de portavoces para informarles de la inundación de las oficinas del Seminario y, al igual que todos los miércoles del año, junta de gobierno a las 10.30 horas.

Podría decirse que está en un miércoles de marzo, pero es a partir de aquí cuando San Froilán entra en escena para no salir hasta las diez de la noche. A media mañana, en el despacho del alcalde se cuela la lluvia, la organización de la degustación de rubia gallega y, cómo no, los manteros con sus bolsos, cinturones y collares. «Es la gran dificultad. La Policía Nacional y la Local están haciendo un excelente trabajo, pero juegan al ratón y al gato. Es un trabajo muy tedioso -explicó sentado en un sofá de su despacho- Esta mañana [por el miércoles] nos reunimos Rábade, Darío [Diéguez, director general de la Policía Local], y estuvimos viendo cómo va. La policía nos ha pedido ir en parejas porque, al parecer, si va uno solo a veces se ponen un poco violentos, en el sentido verbal. Nada físico. Y nos pareció bien».

Pero San Froilán es mucho más que la venta ambulante. Hay conciertos, hay aglomeraciones de gente, casetas del pulpo, barracas... Diversión y preocupación a partes iguales. «A mí, de las fiestas, me gusta todo, pero el mejor momento del día es cuando Rábade me llama y me cuenta. Ver que pasó el día y no ocurrió nada, es lo mejor, de verdad». Esta conversación suele mantenerse sobre la medianoche. Hasta entonces, todavía había mucho día por delante.

Entre el pulpo y la ternera

Después de ir corriendo a la Porta de Bispo Odoario para asistir a su apertura, Orozco regresó al Concello para ultimar varias cosas antes de ir a por la quinta pulpada de las fiestas: la que compartió con el equipo de gobierno. Dos horas y vuelta al Concello, donde ya lo esperaba una vecina, que tenía cita a las 17.00 horas. Esto es algo habitual y no solo en el Concello, a Orozco la gente lo llama a su casa para comentarle sus preocupaciones. «Sigo teniendo el mismo número de teléfono y he tenido muy pocas llamadas desagradables. Para la gente que acude a ti, su problema es el más importante» comentó.

A continuación, llegaba el turno de preparar las bases de las oposiciones a la Policía Local y, justo después, bajar a la verbena. A pesar de estar ocupado en bailar con todas las mujeres que se lo pidieron, al alcalde no se le escapaba detalle. Ahora hablaba por teléfono para informar de que hay manteros, ahora pedía que le pasaran una nota al cantante de Acordes para indicar que, a continuación, había degustación de ternera gratis.

Orozco se adapta a las situaciones con una facilidad sorprendente: de las potas para calentar la ternera y los sucesivos comentarios sobre «o boa que está» con todos los paisanos que se cruzaban, el alcalde pasa al salón de plenos para presentar el libro de la colección San Froilán dos Devanceiros en un ambiente muy distinto al de la degustación. Y así, de los escritos sobre San Froilán de Manuel María y Pimentel, por ejemplo, Orozco aterriza encantado en la atmósfera previa al concierto de El Kiki como uno más.

«Cuando estudiaba en Salamanca tuve un compañero de Sevilla que me explicó todo el flamenco. Desde entonces, me encanta». En el concierto se encontró con varios amigos con los que fue a cenar, otra vez pulpo, y por fin, pasada la medianoche, el alcalde pudo quitarse «la espinita» y volver a casa. Su mujer lo esperaba tal y como la despidió por la mañana, durmiendo.