El conocido restaurante de la Zapatería, en pleno casco de Viveiro, reabrió el día 1 tras cinco meses, con mejor aspecto y la calidad y el servicio de siempre
05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La vida de Benito Pardo Río y su mujer, Orlita López Trigo, ha discurrido entre Devesos (Ortigueira), donde nacieron y donde mantienen una explotación ganadera; Venezuela, adonde emigraron al poco de casarse; Suiza, país en el que también trabajaron varios años; y Viveiro, aquí se criaron sus hijos, aquí viven y aseguran que se sienten viveirenses por encima de todo.
Orlita tenía 21 años cuando la joven pareja decidió marcharse a Venezuela. «Hubo que disponerse a luchar la vida», recuerda Benito. En la república bolivariana montaron un casa de comidas, con cafetería y pastelería, que llamaron Normandy, el nombre con el que años más tarde bautizarían el restaurante que ahora regentan junto a su hijo en la calle Almirante Chicarro, en Viveiro.
Pero la situación se complicó y regresaron a la aldea. No tardaron en hacer de nuevo las maletas y partir hacia Suiza, dejando a sus cuatro hijos al cuidado de una tía en la casa de la abuela, en Almirante Chicarro, a pocos metros de la vivienda que después comprarían, y a la que ya se trasladaron los chavales y su tía antes de que sus padres regresaran definitivamente, para abrir el mesón Normandy. En el país alpino Benito trabajaba en mantenimiento, en una empresa de fontanería, y Orlita, en un hospital.
Ambos se turnaban para visitar a los niños. La separación resultó dolorosa. «Que llegue la noche y no sepas de tus hijos...», dice el padre. «Es muy duro estar lejos de los hijos, pasar frontera para allá, frontera para acá...», comenta la madre, que procuraba viajar a Viveiro cada tres meses. «Aún no se había terminado la hoja de bacalao colgada y ya volvía yo», cuenta. Y dice que gastaba 30 francos suizos en cada llamada telefónica a Viveiro, desde una cabina. Para Pedro lo más difícil era «cuando se iban».
En?????1974 abrió el Normandy
El reencuentro definitivo se produjo en 1974, cuando abrió el restaurante Normandy. Entonces Pedro, el benjamín, acabó el Bachillerato y pensaba continuar sus estudios en A Coruña. Pero una grave enfermedad apartó del negocio a su padre y se incorporó él. «Ya no fui a la mili porque mi padre ya estaba jubilado», evoca, contento por el rumbo que tomó su vida.
Cuando echa la vista atrás, Benito se arrepiente de haber salido por el mundo. «Si en vez de ir por ahí adelante me empeño y compro algo aquí en Viveiro...». Su mujer considera, sin embargo, que aquellos años fueron importantes, para hacerse con un capital que tal vez no hubieran conseguido aquí, y también por el aprendizaje de tantas experiencias, no siempre fáciles, pero sí muy valiosas.
Los fundadores del Normandy, el primer local de Viveiro que ofreció pinchos, fueron partícipes de una de las épocas de bonanza de la hostelería local, con la instalación de Alúmina. Y su hijo vivió otro momento «impresionante», en los 90, cuando esta calle, la popular Zapatería, estaba plagada de bares. «Seara, Arcos, Seis Vigas, El Paso, Amador, Bodegas, El Cabozo, Agarimo, El Celta, Rosendo...». Así hasta por lo menos 13 establecimientos. Aquella etapa ya es historia, pero en los últimos años el sector ha empezado a recuperarse. Pedro lo achaca, en parte, al papel de Centro Comercial Casco Histórico.
«En ciudades donde la gente se trasladó a los alrededores, al final acabaron volviendo al casco», sostiene. Confía en que continúe la revitalización del de Viveiro. «Ayudaría que las casas rehabilitadas se ocupen, de poco sirve que se restauren si están deshabitadas, y que se animen a coger los bajos», opina. Y defiende la competencia: «En hostelería es lo mejor porque te ayuda a superarte».
Comida y postres caseros
En la cocina del Normandy el punto lo pone Orlita, veterana de los fogones, amante del oficio, que ha inculcado a su hijo, responsable del brasador puesto en marcha hace un año, con muy buen resultado. Su especialidad son los callos, el caldo gallego, el hígado encebollado, los calamares... Pedro se encarga de las carnes a la brasa. Hay postres caseros -tarta de queso, flan de café y de huevo- y otros elaborados en las pastelerías locales como la tarta de almendra. Tras cinco meses de cierre, por razones de salud, el Normandy ha vuelto «y esperemos que siga para largo», apunta Pedro.