El dueño del «Playa das Dunas» dice que intentaron alertar al «Anchousa»

La Voz

A MARIÑA

El arrastrero con base en Corme Playa das Dunas entró ayer por la mañana en el varadero de Celeiro donde será reparada la vía de agua que sufrió tras ser embestido por el pincheiro Anchousa durante la noche del miércoles al jueves, cuando se encontraba a once millas al Norte de la Estaca de Bares.

El boquete que sufrió en el costado de estribor tras el impacto todavía estaba tapado ayer por la mañana con la plancha metálica y las mantas y trapos que colocaron provisionalmente a su llegada a puerto para poder vaciar el agua que entró y llenó la bodega tras el impacto.

El armador del buque, Domingo García, seguía de cerca los trabajos. Indicó que habían estado inspeccionando el barco los peritos, miembros de las aseguradoras y de la inspección general de buques, así como el capitán marítimo de Viveiro que, según indicó, ha pospuesto la toma de declaraciones que tenía previsto realizar ayer a algunos de los tripulantes del Playa das Dunas para más adelante, hasta tener todos los informes.

Al ser preguntado el armador del barco siniestrado acerca de las circunstancias en que tuvo lugar el accidente, señaló que, por lo que sabía, había mucha niebla y ellos venían en arrastre y con el alumbrado puesto y detectaron al pincheiro a unas tres millas y media de distancia: «Iban en ruta ó Gran Sol e o patrón chamounos para avisalos, pero non lle contestou naide. Certo que estaba cerrado de niebla, pero para esto está o radar», afirmó García.

El armador del buque de Celeiro mantuvo ayer la postura del primer día, de no realizar declaraciones sobre un asunto acerca del cual hay abierto un proceso de investigación donde se determinarán cuales fueron las causas del accidente.

Lo importante es que el percance se saldó sin ningún herido entre las tripulaciones de los dos barcos implicados. Sólo sufrió daños materiales cuantiosos el Playa das Dunas que, pese a ello, ha tenido mucha suerte de no irse a pique. La rápida y acertada intervención de sus nueve tripulantes lo evitó, al apuntalar con barras similares a las que se utilizan para encofrar en la construcción la puerta de la cámara frigorífica, evitando así que el agua que entraba por la vía de unos 90 por 140 centímetros abierta en el costado se propagara a otros compartimentos del buque.

Su profesionalidad era destacada ayer de nuevo por el armador quien recordaba que el tanto el primer motorista como el patrón llevan en la empresa once años, los mismos que tiene el barco, dijo, y el segundo motorista, otros siete años.

Otra cuestión que valoraba como muy importante, fue el hecho de que el boquete se hubiera producido en la parte de la nevera, una cámara estanca, y no dos metros más atrás, donde está la sala de máquinas que, de inundarse, hubiera supuesto un naufragio seguro.

Los trabajos de reparación del buque comienzan hoy por la mañana, al menos eso es lo que manifestaba ayer a esta redacción personal del astillero celeirense.