Una jugada maestra

A MARIÑA

Padre e hijo juegan al ajedrez casi a diario en su casa, un magnífico entrenamiento para ambos
Padre e hijo juegan al ajedrez casi a diario en su casa, un magnífico entrenamiento para ambos ELENA VALE

El profesor viveirense José Manuel Chao le ha inculcado la pasión por el ajedrez a su hijo Fernando, un alumno aventajado con un magnífico historial

19 jul 2024 . Actualizado a las 17:13 h.

Fernando Chao Vale, de 9 años, juega al ajedrez desde los 5. Le enseñó su padre, el viveirense José Manuel Chao Franco, profesor de ciclos formativos en el IES Alfonso X El Sabio, de A Barcala (Cambre). «Cuando empecé a jugar, en Viveiro, no había profesionales que se dedicaran a enseñar o gente que tuviera un método; a mí me enseñó un señor mayor, mecánico. Y lo retomé a los 40 años, cuando ya tenía más tiempo, y empecé a comprar libros, sobre todo para entrenar al niño», cuenta el palo.

Fernando ha aprendido de su padre todo lo que sabe sobre el ajedrez. «Casi todos los días jugamos los dos un rato -señala el pequeño, campeón gallego en la categoría sub-10-; el sábado y el domingo, por la mañana y por la tarde; el resto de los días, por la tarde». Ambos pertenecen al club Ajedrez Viveiro, pese a que residen en el municipio coruñés de Sada. A Fernando le gusta mucho el tablero, que compagina con la piscina, las clases de inglés, de lenguaje musical y de guitarra, como actividades extraescolares.

Pasión por el tablero

«Si pierdo no pasa nada y si gano, gané; el ajedrez es un juego y unas veces ganas y otras pierdes», afirma el joven jugador, con una sorprendente madurez y muestras de haber interiorizado bien la principal lección que le ha dado su padre. «Para mí es un juego, una técnica, un deporte... Es todo eso y un poco más, es una pasión para quien lo practica. Si un niño no se divierte jugando tiene que dejarlo. Se trata de ir entendiendo los mecanismos; la motivación es el punto de partida, unida a la búsqueda de satisfacción y al placer del trabajo bien hecho. Necesitas un rival para vencer, pero lo más importante es la superación de uno mismo, convertir la frustración (de la derrota) en un estímulo para mejorar», diserta el progenitor.

El niño, alumno aventajado, que ha competido con gente mayor que él y también con el ordenador (con triunfos y derrotas), ya piensa en instruir a su hermano David, que tiene un año y medio. «Todavía no le he enseñado», responde, entre risas. Su madre, Elena, «solo sabe mover las piezas», apunta. Ella, el benjamín y su padre acompañan a Fernando a los torneos (acude a la mayoría de la decena que se organizan en el campeonato escolar autonómico), por toda Galicia. «Cuando nació -relata- el hermano y el padre le pusieron un peón en la mano y le asignaron la categoría sub-0; ahora corre por medio de las mesas, le encantar chupar las piezas».

Responsabilidad

El profesor destaca las virtudes del ajedrez en el proceso de aprendizaje y de formación: «Favorece la atención y la concentración, entrena la memoria y, si progresas, tiende a la creatividad. Es un juego de 'cálculo y evaluación de cada variante', para seleccionar entre todas y tomar una decisión. Esto hace que el niño se responsabilice de sus actos, analizándolo todo antes de mover, sabiendo que lo que haces va a tener unas consecuencias».

Chao Franco ha tratado de inculcarle estos valores a su vástago. La técnica, constata, se adquiere, pero el talento, «lo tienes o no lo tienes». Motivación no le falta a este niño simpático y sonriente, que también disfruta con las videoconsolas. En su palmarés cuenta ya con varios títulos. Es el actual campeón gallego sub-10; a los 7 años se clasificó en cuarto lugar; ha alcanzado las semifinales del campeonato de España de ajedrez rápido (a través de Internet)... «Pero lo importante -subraya su progenitor-, al margen de los resultados, es que te guste; forzar no tiene sentido».

Entre partida y partida, -que se intensifican en verano, cuando palo y astilla disponen de más tiempo libre- se distraen con el pimpón. En las vacaciones estivales, en Viveiro, Fernando disfruta yendo a la playa y jugando con sus primos. El ajedrez tiene prioridad. Entrena en el local de la Casa da Xuventude, junto al resto de miembros del club. José Manuel le ha transmitido la pasión por el manejo del rey, la dama, el alfil, el caballo, la torre y el peón. De momento, matiza el padre, el juego le entusiasma. Ambos se enfrentan con el ansia de aprender y, sobre todo, de divertirse.