A la dureza de la faena en la pesca se suma la soledad y la nostalgia de la familia en fechas señaladas, a pesar del menú especial que rompe la monotonía diaria
28 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.No es fácil llevar a bordo de un pesquero la magia de la Navidad. La pesca es un trabajo duro que poco sabe de tiempo ocioso y menos de celebraciones, aunque el tripulante que puede en fechas señaladas como estas, o en los festejos del Carmen, se queda en casa con los suyos. Los barcos de altura son los que más tiempo pasan en el mar, con mareas de entre 15 y veinte días, dependiendo del volumen de pesca e incluso de los precios del mercado.
Santiago Arrizado es patrón, y armador con su hermano, del Mariscador , un palangrero de Gran Sol con base en Celeiro. Esta marea ha tenido la suerte de quedarse en casa y compartir con la familia la Navidad. «Fai seis anos que non pasaba o Nadal en terra», señala. Y no se corta cuando explica que «a nostalxia da familia cando te pilla no mar nestas datas, aunque digamos que non, sí que aparece». La telefonía por satélite es el único medio de que disponen para contactar con la familia, y como explica Arrizado, por las veces que a él le pilló la Navidad a pie de puente, «logo hai liberdade para pegar un telefonazo á familia», aunque no tiene por qué ser en las fechas señaladas. «Ás veces chamas, outras non queres chamar, depende; pero si tes mal tempo acentúase a tristeza por non estar coa familia», dice.
Arrizado tiene 41 años y un niño de once años. Lleva desde los 16 años en el mar trabajando en la pesca. Lo peor, afirma, es darle respuestas a su hijo. «Cando che pregunta por qué non estás en terra con eles, ¿qué lle contas? ¿Qué é porque tés que gañar uns euros? É difícil explicarllo».
El lujo de un buen cocinero
En el mar inmenso son la buena sintonía entre los tripulantes y las pequeñas cosas que depara la jornada las que marcan el día, además de la suerte en las capturas. El escaso tiempo de ocio que tienen se vive preferentemente en el espacio que linda con la cocina. Dicen que conseguir un buen cocinero para el barco es un lujo. Ellos reinan en la cocina y en la organización de todo el avituallamiento.
En fechas como Nochebuena o Fin de Año, aunque la disciplina del trabajo no se pierde, sí se relaja el tiempo del rancho. Normalmente hay dos turnos de comida de unos treinta o cuarenta minutos. Esas noche, en muchos de los casos, se amplía hasta llegar a la hora u hora y media por turno. Arrizado explica que la hora de la cena y su duración «vai a criterio do patrón tras conversar coa xente e co cociñeiro, e decídese si se fai máis tarde ou dunha ou doutra maneira».
El cocinero es también quien perfila el menú. «Levamos algunhas almexas, unhos gambós cocidos, ou unhos bois, logo carne, o peixe, e hai quen sigue a tradición e se tira ao bacalao. Depende tamén de si fai mal tempo ou non», señala Arrizado.
El menú del «Currana Un»
Experto en saciar desde hace más de una década el hambre de los tripulantes de su barco es José Ramón Seijo Rodríguez. Cocinero del Currana Un, a la captura de la preciada merluza del norte en aguas de Gran Sol, le sacamos a golpe de teléfono de la cocina del pesquero de Celeiro, que espera entrar en puerto con el último día del 2008. Si le sorprende la llamada, más le sorprende la pregunta: ¿Cuál fue el menú de la cena de Nochebuena a bordo?
«De primeiro vieiras en salsa, de segundo gambón á plancha ; despois galo ao forno e de postres metín unhas tartas que fixen e turróns variados», explica. En la comida de Navidad, la tripulación del Currana Un degustó «mero á plancha, cunha sopa diante, pero tamén sobrou algo de galo e comeron tamén cabrito», explicó Seijo.
De la pericia con los víveres, y el uso de «la sal y la pimienta justa» depende en ocasiones el humor de los marineros. Seijas sin embargo explica que este año la Nochebuena en el Currana Un «foi bastante triste, porque perdimos un home [a finales del pasado mes de noviembre caía al mar un tripulante indonesio que pudieron rescatar], aunque hai que seguir para adiante». Un Papá Noel marinero repartió suerte esa noche, y algún calcetín que otro también se colgó esperando regalos.