La proximidad de otra cita con las urnas devuelve al debate político la precariedad de los servicios ferroviarios en Lugo
07 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Vuelven los oscuros estorninos y sus noches dejan, sobre el pavimento de la capital lucense, una huella indeseable como deja un rastro de parados la nube negra de la economía enferma. Lugo, provincia acostumbrada a apretarse el cinturón en tiempos de bonanza, asume sin mayores quejas, ahora que la banca decreta crisis, la pérdida de servicios ferroviarios que probablemente nunca recuperará. En estos primeros días de septiembre, en el teatro de la política lucense los actores interpretan ya un texto plenamente electoral, en el que la palabra crisis aparece tantas veces que trivializa el concepto. Los estorninos, como la negra sombra de la economía, se instalan en Lugo mientras el presidente de la Diputación, José Ramón Gómez Besteiro, busca en Uruguay, Argentina y Venezuela senderos de gloria que la coyuntura le bloquea en Lugo.
El ex alcalde lucense Joaquín García Díez (concejal y diputado nacional) dedica a los estorninos la semanal aportación a su blog. De los oscuros pájaros dice el biólogo García Díez (PP) que son «desagradables invasores de nuestros parques». Reclama medidas el edil contra el ejército alado, como avisa de que Lugo no tendrá servicios ferroviarios mínimamente presentables si no hay presión social continuada. Olvida el ex alcalde que los suyos gobernaron en Madrid, Santiago y Lugo y con ellos, como con los socialistas, la ciudad no dejó de perder trenes. Lo dijo el Bloque Nacionalista, por boca de Paz Abraira , que bien pudo haber citado a Guareschi: «Como los trenes, las buenas ideas llegan con retraso». Dicho en enxebre: Tarde piaches.
El tren, argumento electoral, vuelve en Lugo a las vías de la política de batalla cuando en el horizonte se perfila la silueta de las urnas. Sólo entonces la vieja estación del barranco de Friás merece el interés de los que viven de ganar y perder elecciones. Cada año son numerosos los muertos en las carreteras lucenses, pero el tren, uno de los más seguros medios de transporte, no tiene en Lugo servicios de cercanías ni enlaces realmente útiles con las demás capitales gallegas. La electrificación de la línea Monforte-Coruña no parece un proyecto a corto plazo. ¿Quién puede creerse en la vieja ciudad amurallada los cuentos del AVE? Lo aseguró la edila Abraira: miente quien diga que la alta velocidad llegará a Lugo en la próxima década. Claro que, como avisó Pérez de Ayala, «cuando la estafa es enorme, ya toma un nombre decente».
Lugo casi no tiene tren, pero tiene una magnifica flota de coches oficiales, a la que el presidente de la Diputación acaba de añadir una pieza muy notable. A la sombra de la crisis económica, el responsable provincial del PP, José Manuel Barreiro , se toma muy en serio el trabajo de dar publicidad a la adquisición hecha por la Diputación, como difunde con interés el viaje de Gómez Besteiro a Hispanoamérica. Barreiro dice: «Nós sabemos que se vai o que se vai», afirmación que, en clave de presente, recuerda mucho a la que hizo, mirando hacia atrás, en ocasión muy señalada el diputado Corral: «Aquí pasou o que pasou». Y todo el mundo sabe, o cree saber, «a que se vai» como sabía, o creía saber, «qué pasou». Besteiro viaja a Hispanoamérica como antes el alcalde lucense, José López Orozco , viajó a China; quizá el presidente de la Diputación regrese a Lugo con la intención de poner nombre a alguna calle, como -se dice- Orozco sopesa denominar Rúa da Gran Muralla China a una tramo de la ronda. Quizá Orozco quiere desandar lo andado recordando que la citada calle es vía a la que el callejero franquista cuarteó nominalmente para mayor gloria de Castilla, los Caídos y así.
Barreiro, que se multiplica para atender los frentes en los que da la batalla política (dirección del partido, portavocía en la Diputación, trabajo como senador y para el control del grupo municipal), parece haber decidido aplazar la constitución de la junta local del PP en Lugo. No es probable que la celebración de un congreso local en la capital antes de las elecciones autonómicas fuese causa de mayores tensiones en el seno del partido, pero Barreiro, según se ve, prefiere no correr riesgos. Si el PP de Lugo, habrá reflexionado su presidente, pudo pasar sin junta local -por decisión de Francisco Cacharro - desde mediados de los años 80 del siglo pasado, bien puede aguantar unos meses más. Tal vez considera que no conviene hacer mudanzas porque corren tiempos difíciles, en los que la sombra de la crisis cubre, como una nube de negros estorninos, el presente de la provincia.