Carlos Castro, que lleva diez años siendo lanchero en el muelle de Porcillán, asegura que «la crisis se nota»
03 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Como cada año cuando llega el mes de julio y los veraneantes empiezan a llegar a Ribadeo, los lancheros del muelle de Porcillán atracan sus embarcaciones esperando a los turistas para llevarlos a conocer la Ría de Ribadeo.
El paseo comienza en el muelle, se adentra en la ría, acercándose al Puente de O Cargadeiro, va hacia las localidades de Figueras y Castropol y, finalmente, concluye en el puerto de Porcillán. En total, dura una media hora, por el precio de cuatro euros..
Carlos Castro es uno de los tres lancheros que desde hace diez años, con la llegada de la época estival, saca su lancha, Riberas del Eo y se pasa las jornadas veraniegas paseando a los turistas por la ría. Después de tanto tiempo Carlos dice rotundamente que no le cansa su trabajo. Lo mejor de ser lanchero -confiesa- es «el trato con la gente. Me gusta mucho conocer gente nueva. Además, las personas que vienen a pasear por la ría están de vacaciones, sin prisas y sin agobios».
Por el contrario, lo que peor lleva de su peculiar trabajo es «la espera. A veces estás horas esperando y no viene nadie. Como haga mal día es muy aburrido estar aquí solo sentado».
La jornada diaria
Y es que la jornada de Carlos, que comienza todos los días alrededor de las once de la mañana y termina sobre las siete y media de la tarde, es muy variable. Algunos días la lancha Riberas del Eo no descansa ni un momento, mientras que otros, la larga espera hasta que alguien se decide a montar se hace bastante aburrida. Carlos dice que «cada día es diferente, hay días que hay mucha gente y otros que no hay casi nadie, depende sobre todo del clima».
En lo que respecta a la procedencia de la gente, «todos los que se acercan son veraneantes. La mayor parte viene de otras ciudades españolas, sobre todo de Madrid, Barcelona o Valencia. Hay muy pocos extranjeros que se acerquen por aquí».
Aunque a algunos «les dé algo de miedo montarse en la lancha al principio», los que se deciden a pasear con Carlos se lo acaban pasando bien.
El lanchero confiesa que «vienen muchos niños y se lo pasan en grande. Casi toda la gente que viene, lo hace con su familia, son los niños los que siempre quieren subir y los que al final convencen a los padres».
Tiempo revuelto
Lo que está claro es que este año no estamos teniendo un verano convencional. El tiempo está revuelto, la crisis nos hace apretarnos los bolsillos... Carlos dice que «otros años no tenía tiempo casi ni para comer», pero sin embargo este año «se notó el bajón. En el mes de julio no hubo tanta gente por el puerto como otros años». A pesar del descenso de clientes, Carlos asegura que no va a dejar su trabajo porque «ya lleva diez años» y quiere seguir con la tradición».