El mar con nombre de mujer

A MARIÑA

Esta xovense afincada en Burela inició hace más de cuarenta años una saga femenina. Sus dos hijas son, como ella lo fue, comercializadoras de pescado

13 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En el bajo de casa, Dolores Quelle Abad se entretiene elaborando conservas caseras de bonito. Aún con guantes que separan físicamente sus manos del pescado, esta mujer le pone pasión y entusiasmo a lo que hace y elabora el producto con verdadero mimo. Sus dos hijas la observan. La más joven agrega: «Sempre foi unha persoa moi traballadora». Dolores Quelle, natural de Xove, se fue muy joven para San Cibrao y luego con 19 a Burela, donde trabajó de empleada de hogar, una campaña en la conservera, en la fábrica de gres y en una panadería, dedicándose después con su esposo Abilio García Pumares a la comercialización de pescado hace unos 45 años. Lo compaginaban con un local dedicado a frutería que luego se convertiría en ultramarinos. Hasta que se retiró por motivos de salud a los 60.

Pescados Perona, que en la actualidad tiene diez empleados, siguió adelante y de nuevo con nombre de mujer, a través de sus dos hijas Dolores (conocida por los suyos como Loli), que es la mayor, y Felisa.

Ambas se entusiasman con la pregunta sobre el origen del apodo de Perona de su madre, historia personal en la que no podía faltar una anécdota como otras que vivió Dolores Quelle. «Perona púxollo unha señora que tiña a panadería na que traballaba con eles porque se parecía a Eva Perón de guapa», explica Loli. «Eu digo que non son Perona senón filla da Perona porque a beleza é dela», reafirma Felisa.

Vendiendo por las aldeas

Tras este detalle en su vida familiar, hay todo un recorrido temporal por cómo se vivía la profesión de comercializador ayer y hoy, de lo que son testigos las tres mujeres. «Cando empecei -recuerda la madre, que en alguna época era la única mujer en Burela que se dedicaba a esto además de Oliva de Esperanza, dicen, porque el resto eran hombres- empecei polas aldeas vendendo en coche e pitando o corno para avisar aos veciños. Despois compramos vehículos máis grandes de transporte e mercaba en Burela, San Cibrao, Foz... incluso chegábamos ata Cariño, Cedeira... e cando empezamos a comprar máis forte tamén íamos vender a Coruña». En la zona rural algún vecino le pagaba en otros tiempos en especies como maíz, huevos, etc...

El encarecimiento de los productos y la situación que vive del sector pesquero es de obligada mención. «Estamos nunha crise tan grande que a xente non esta comprando todo o que se ofrece, non hai tanta demanda. Os quilos seguen entrando pero non hai quen os consuma», señala Felisa. Loli da otro detalle y opina que «non baixa o consumo de peixe. Penso que agora consúmese máis pero a cuestión é que entra tamén moito peixe de importación». «E o conxelado leva tamén a súa tira. Agora métese na dieta e se non é merluza fresca é de conxelado», dice su hermana Felisa cerrando la charla.

La pregunta clave: ¿Por qué las hijas decidieron seguir los pasos de sus progenitores y no se decantaron por otro oficio? «Vivimos con eles e empezamos con eles. Hoxe facías isto, mañá outra cousa... e ías facendo, como se di, 'sen querer querendo'», señalan. Como su madre, que admite emocionada que «aínda hoxe non podo ir ao muelle», las hijas también parecen haber heredado de ella la misma pasión por el trabajo de comercializador: «Comparámolo na casa coa bolsa porque sube e baixa. É algo que oscila bastante. E se compras para vender tés que poñer o teu marxen, que é pequeniño», subraya Loli.

¿Y el futuro del oficio?, ¿como lo ven? «Vexo tanto futuro -dice Felisa- ao meu coma ao que están facendo as miñas fillas nas súas carreiras». El futuro es imprecidible, como todo. Lo seguro es lo que ha quedado atrás en el camino. Dolores Quelle Abad mira de reojo al pasado y sin perder pausa ni ritmo elaborando sus conservas de bonito recuerda que antaño una jornada de trabajo daba para comprar una botella de aceite y un kilo de azúcar.