Juntos para poder ahorrar 500 euros

S. Corral

A MARIÑA

Decenas de marineros indonesios conviven en pequeños grupos en el municipio viveirense, alojados en hostales y apartahoteles de Xunqueira, Covas y Celeiro

22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Su vida, su situación, recuerdan quizá la de muchos gallegos que antaño emigraban a otros países en busca de trabajo, de dinero, de una vida y de un futuro mejores. Tal vez la vida, la situación, de nuestros paisanos entonces fuesen mucho peores, sin duda. La Voz ofrece hoy en imágenes la vida a diario de los marineros indonesios que se han desplazado hasta A Mariña hace unos años para trabajar en el mar ante la falta de mano de obra local. Aquí ya nadie o muy pocos quieren trabajar en el mar, un sector que ahora atraviesa además una situación difícil y que se halla secundando un paro del que les informa a diario este periódico.

Los marineros indonesios, jóvenes en su mayoría, apenas hablan más de tres o cuatro palabras seguidas en español. Entenderse con ellos no resulta fácil, lo cual refleja lo poco que se relacionan con su entorno, con la gente de aquí. Ellos, junto con inmigrantes peruanos que también han llegado en los últimos años a la costa para añadirse al trabajo en el mar, han variado el cuadro, el paisaje, de la vida diaria, cotidiana, especialmente en Viveiro. Se les puede ver a diario, cuando no salen al mar, paseando por los jardines de Viveiro, por el paseo marítimo, pero siempre en grupo. Comen en grupo (suelen hacerlo en la terraza de una parrillada), duermen agrupados. Viven así. Sólo rompen ese círculo cerrado para hablar por teléfono desde una cabina pública y para hacerlo con los suyos.

Casi todo se comparte

Estos marineros indonesios se hospedan en grupos en hostales de Xunqueira, en Covas y en Celeiro, prácticamente todos en Viveiro. Comparten habitaciones y camas, duermen dos y en algunos casos hasta tres en una cama y aprovechan el espacio al máximo para acomodarse alguno más aún en un colchón cómo y dónde puede.

Se trata de ahorrar. Les acompañamos. Acceden amablemente a mostrarnos su modo de vida. Y nos explican, no sin esfuerzo, el mismo esfuerzo que hay que hacer en ocasiones para entenderles cuando las palabras no son hola, adiós, cerveza, hasta luego y alguna otra, pocas más, que así logran ahorrar unos 500 euros más o menos cada mes para enviar a sus familias en la lejana Indonesia.

No viven mal, en la necesidad, no; aunque tampoco lo hagan en la comodidad. Viven entre la renuncia y cierto sacrificio para así poder fortalecer las economías familiares. Quinientos euros en Indonesia son mucho dinero. A ellos les queda un margen pequeño, pero suficiente, para comer, tomar algún café o unas cervezas y hablar por teléfono. Lo demás, trabajar a bordo y en tierra pasear.