Los pequeños empresarios mariñanos creen que «el alarmismo» les perjudica tanto o más que la situación económica real de la mayoría de las familias, nada boyante
01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El ministro de Economía, Pedro Solbes, parece ser el único que niega la existencia de crisis. Aunque los requisitos técnicos para definir la actual situación económica no se ajustan al término, todos los indicadores marcan ya en negativo. El comercio y la hostelería mariñanos empiezan a resentirse por el cada vez menor poder adquisitivo de las familias. En los restaurantes se sirven menos menús, como consecuencia directa del parón en la construcción. «Quen antes pedía un cubalibre, hoxe quere unha cervexa», apunta un camarero.
Sin embargo, los empresarios consultados sostienen que el bache tiene un fuerte componente psicológico. «Hai moito alarmismo, non se fala doutra cousa e entón todo o mundo acaba preocupado e pensando que non da chegado a fin de mes», opina un tendero viveirense. En cualquier caso, la letra del piso se incrementa, igual que la factura de la luz, el agua o el teléfono. «E a maiores, nos últimos tempos, xurdiron moitas necesidades que antes non había. En case todas as casas hai un ou dous teléfonos móviles, conexión ADSL para Internet, televisión de pago...», destaca un comerciante. Algunos culpan directamente a los bancos, «pola alegría coa que se deron créditos e hipotecas durante uns anos». Y otros señalan la burbuja inmobiliaria como un elemento determinante del deterioro. «Un metro cadrado valía, nun sitio medianamente bo, tres mil euros... Isto víase vir, o que pasa é que estabamos todos moi contentos e vivindo por riba das nosas posibilidades», opina otro pequeño empresario mariñano.
Como agravante a todo ello, en A Mariña la desaceleración ha golpeado algunos de los sectores clave de la economía, como son la pesca (con recientes movilizaciones por el alza del combustible) y la construcción, que ha concentrado mucha mano de obra en los últimos tiempos. ¿Dónde está la salida? Los empresarios más veteranos saben que la economía se mueve por ciclos y el alza siempre anticipa la caída. «E ao revés -apunta un optimista-. Hai que saber esperar». Pese a todo, tiendas y bares se llenan. La facturación seguramente se ha reducido, pero basta con acercarse por cualquier calle de las principales poblaciones de A Mariña para ver que la vida no se ha detenido.