Gran talento para el mini bólido

A MARIÑA

El focense Adrián Rodríguez, con sólo un año y medio de experiencia, ya es una de las más firmes promesas del karting gallego, en el que es campeón de su categoría

20 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Desde la irrupción de Fernando Alonso en el opulento mundo de la Fórmula 1, miles de jóvenes españoles sueñan con seguir sus pasos y se inclinan por el karting como alternativa de ocio a sus obligaciones escolares. La Alonsomanía ha llegado a todos los rincones de la península. Y por supuesto, también a la comarca de A Mariña, donde Adrián Rodríguez Otero (Foz, 09/04/91) apunta muy alto en sus comienzos como piloto de karts.

En su caso, el deseo de llegar a ser un profesional del volante cobró fuerza hace algunas semanas cuando se proclamó campeón gallego en la categoría KF2, «en la que no hay limite de edad y los coches tienen motores de 100 centímetros cúbicos, sin marchas, con los que se pueden alcanzar los 180 km/h en circuitos rápidos», explicó. Adrián conquistó el título de una manera arrolladora, ganando la mitad de las 12 finales en las que participó, una actuación soberbia de la que él mismo se sorprende a día de hoy. «La verdad es que no me lo esperaba. Mi intención era participar en el campeonato para ver lo que había, pero me salieron bien las primeras carreras y empecé a convencerme de que podía aspirar al título», dice.

Su afición por esta disciplina le viene desde pequeño -«siempre me gustaron todos los deportes de motor», asegura- pero no fue hasta septiembre del 2006 cuando cambió el aeromodelismo por el karting y pasó a formar parte del equipo asturiano La Roda-M&M Motorsport, con sede en Tapia de Casariego y creado por los ex pilotos Alejandro y Laura Méndez, quienes se ocupan de la puesta a punto del kart y de su formación como piloto.

Su sueño, como el de la mayoría de los principiantes, es convertirse en profesional y conducir un monoplaza de Fórmula 1 por los principales circuitos del mundo, «aunque fuera como probador», si bien reconoce que el camino es largo y espinoso. «Es tremendamente difícil llegar, porque es un deporte muy caro y te encuentras con muchas barreras económicas; sin duda, esto es lo peor de este deporte», admite con resignación.