Reportaje | El vandalismo en la comarca Prácticamente ningún Concello de la comarca se libra de los destrozos que los incontrolados causan en los bienes públicos, ocasionando pérdidas económicas notables
11 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?a Subdelegación del Gobierno tramitó el año pasado 101 expedientes por desórdenes públicos en la comarca, una figura en la que se incluyen peleas y actos vandálicos y que conlleva multas que van de 60 a 150 euros, cantidad a la que hay que añadir el pago del daño ocasionado, si es que el titular del bien destrozado lo reclama. La cifra oficial, con ser elevada, no refleja ni remotamente el número real de casos de vandalismo que se producen, pues en buena parte de las ocasiones los agentes del orden no logran identificar a los autores de esta fechorías. El coste de los daños provocados en el mobiliario urbano destrozado (papeleras, bancos, farolas, macetas, semáforos, varandillas, pavimentos, marquesinas, señales de tráfico y un largo etcétera) es importante y supone una sangría para las arcas municipales, que deben destinar parte de sus fondos a reparar o reponer bienes que ya tenían en vez de dedicarlos a otros fines. Lo habitual es que el problema se agrave en verano, coincidiendo con la llegada masiva de visitantes y con la aglomeración de gente en los lugares de diversión, sobre todo las poblaciones costeras; no obstante, también se ha constatado que es una actividad sin fecha en el calendario y que obedece a motivaciones distintas. En una reunión mantenida el año pasado por el subdelegado del Gobierno con alcaldes y fuerzas policiales de la comarca, se mencionó que se producían actos vandálicos en los retornos de la movida y en localidades donde propiamente no había tal movida. Pero también se producen hechos de este tipo en pleno invierno y en fechas que no son típicas de fiesta. En Burela hace pocos meses apareció pitarrajeado el edificio de Capitanía; en Cervo hubo temporadas de invierno con destrucción sistemática de mobiliario; en Viveiro se cargaron hace poco tiempo unos semáforos. Foz ha sufrido veranos negros por causa de estas actuaciones y en Ribadeo o Barreiros tampoco son ajenos al problema. Lourenzá, una localidad del interior, fue uno de los lugares castigados antaño por el problema, aunque el reforzamiento de la vigilancia, el dotar a los edificios públicos de medidas de protección y la colaboración ciudadana dieron resultados. La advertencia a la familia de los protagonistas surtió resultado. Pero en otros lugares, más masificados y frecuentados, parece que no resulta tan fácil tomar medidas. El alcalde de Viveiro recomendaba hace unos meses castigar las gamberradas con trabajo social y el vandalismo (la actuación de gente organizada) con el Código Penal. La prevención, la erradicación de este tipo de hechos no parece tarea fácil.