A SABER
27 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.MIENTRAS ESTUVE de director gerente del Hospital da Costa, alerté varias veces sobre el peligro para la salud que supone el estado de las carreteras de nuestro territorio. Es inútil prevenir la hipertensión arterial o las consecuencias de la diabetes cuando existe machaconamente el gravísimo riesgo de morir o quedar mal parado por un accidente en la red vial. También me he quejado de la parcialidad de las autoridades sobre la siniestralidad vial. Parece com si la culpa o la causa de las cifras de accidentes se deba exclusivamente a la falta de conciencia cívica del ciudadano cuando conduce bajo los efectos del alcohol o a velocidad superior a las permitidas. Ejercicio tras ejercicio se repiten los puntos negros, sin que la autoridad competente modifique las condiciones físicas del lugar. Parece como si el mantenimiento y adecuación de la red viaria fuera una cuestión sin responsabilidad directa, si bien es verdad que como ahora, es posible que durante unos días no se hable de otras cosas, pero tal y como se aprecia, pasara la noticia hasta la próxima víctima de O Cruceiro, Río Cobo, recta de Barreiros, Cuesta del Deán, Salgueiriña, etcétera. Los de la Consellería, ésta o la anterior, están en esa situación tan nuestra de «vamos mirar de ver...». Mirar de ver qué pasa con la mezcla de aceites y agua, que hace que muchos de los accidentes sean por deslizamiento trasero en subida. Mirar de ver qué pasa con esos tractores que pululan con la madera y que sueltan valvulina por cada curva para que los coches que se dirigen al trabajo patinen. Mirar de ver qué pasa con esos cruces a la carretera principal que producen la sorpresa de la salida de esos vehículos conducidos por nuestros mayores, muchos y con derecho, pero con importantes mermas en sus condiciones físicas para las características del lugar. Mirar de ver qué pasa con la circulación de camiones pesados, coches de jubilados y otros obstáculos en la carretera. Y conste que no hay más accidentes gracias a la presencia constante de la Guardia Civil, cuyo comportamiento en esa cuestión es ejemplar, y me consta que con informes sobre la situación del trazado o mantenimiento de los lugares donde hay accidentes. No se puede dejar la solución en manos de los políticos que discuten la llegada de la autovía, como la alternativa al Feve no puede ser el Ave. En el primer caso necesitamos un plan urgente de modificación del trazado y pavimento de los puntos negros, en el segundo, un ferrocarril normalito que garantice la vertebración del territorio y su utilidad diaria como medio de transporte colectivo que rebaje la circulación de vehículos. En 2004 publiqué que habían acudido al Hospital da Costa más de 600 personas por accidentes de tráfico. Incluso la dirección del Sergas consideró esta noticia como un dato más para justificar la pérdida de confianza. Parece ser que pretendían callar al mensajero. La gente tiene miedo; algunos alcaldes han reaccionado. Los ciudadanos deberían movilizarse. Estamos ante una cuestión de salud pública. Hasta las compañías de seguro tendrían que decir algo, aunque sólo fuera publicar los datos que recogen de los siniestros. La inversión en adecuar las vías de circulación son más urgentes que seguir haciendo paseos marítimos.