LA TRIBUNA | O |
31 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.INCLUSO para quienes hemos tenido que trabajar durante todo el mes (en cuadro), la despedida de agosto entraña cierto sentimiento de nostalgia, como una sensación de pérdida de algo que, en realidad, no ha sido nuestro, sino de quienes han disfrutado de las, casi siempre merecidas y, sin duda, siempre necesarias vacaciones. Este extraño sabor que deja lo que se acaba comenzará a disiparse hoy mismo, con el reencuentro con los compañeros, en tantos lugares de trabajo. Quienes regresan estarán deseando contarnos sus peripecias estivales y nosotros, los sufridores de agosto (que estábamos gozosos en julio), escucharemos resignados. Y, sin duda, nos pondrán los dientes largos. Siempre cabe el contraataque. Tú me cuentas agosto y yo te relato esas ya lejanísimas vivencias del mes julio, en un esfuerzo extraordinario de memoria, que tal vez me dé ánimos para hacer frente a este septiembre agitado que nos espera. En el fondo, los recién llegados pronto descubrirán que casi todo sigue como siempre. A Mariña continúa sin corredor ni parque de bomberos, el rifirrafe entre gobiernos y oposiciones persiste, los problemas de tráfico se han agravado y todavía estamos en rebajas. Más asuntos inmutables: la guerra de Irak, más activa que nunca (y dos periodistas, ahora franceses, secuestrados); Fraga, inevitable candidato; la propaganda política, a pleno rendimiento (ni en vacaciones bajan la guardia); las ansias de matar al mensajero, tan patentes y tan burdas; los globos sonda (desde todos los frentes); y las miserias, tan humanas. En fin, bienvenido/a, tú y septiembre.