Testimonio | Un matrimonio de Lourenzá, padres de una niña china Tiene un año y medio y lleva un mes viviendo en España. Tras ser abandonada en un mercadillo y enviada a un orfanato, Ana Mª García y José Cabo decidieron hacerse cargo de ella
17 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Ser niña en China es todo un calvario. Algunas no llegan a nacer, y muchas de las que tienen esa suerte se ven envueltas en una vida sin cariño siendo enviadas a un orfanato. Los hombres, en cambio, gozan de todos los privilegios. ?ueron unas imágenes de un orfanato chino aparecidas en la televisión las que cambiaron la vida de Ana Mª García Cuadrado (de 47 años) y José Mario Cabo Jardón (de 45), un matrimonio de Lourenzá que no tenía hijos. Eran escenas en las que algunas niñas chinas eran atadas a la silla y maltratadas. «Muy impactantes», comenta el matrimonio. Un año después, y sentados de nuevo frente al televisor, Ana Mª y José Mario vieron un reportaje en el que aparecía una pareja de Canarias que había adoptado un niño. Fue en ese momento cuando el matrimonio se dio cuenta de que deseaban ser los papás de una niña china. Así que se pusieron en marcha para conseguirlo. Al principio tuvieron varios problemas, ya que al ser mayores de 40 años la Xunta les puso muchos inconvenientes. «No nos dejaban adoptar», dice Ana Mª García. Pero la asociación Agai les ayudó muchísimo, y tras una larga lucha, iniciada a principios del año 2002, el 22 de mayo de 2004 la pareja partió para China (concretamente a Changsha, capital de Hunan) en busca de su hija. Una monada de niña Tez y pelo morenos, ojos oscuros, achinados... son algunos de los rasgos que caracterizan a esta preciosa niña de un año y medio de edad. Ying, como la llamaban en el orfanato, fue abandonada a las puertas de un mercadillo. El momento en el que Ana Mª y José Mario vieron a su hija por primera vez fue «indescriptible, algo que no se puede expresar con palabras», afirman ambos. «La situación fue muy rara, ya que la niña no paraba de retorcerse y llorar. Se iba con la cuidadora que nos la entregó, lo que provocó que no disfrutase al máximo de ese momento tan deseado. Mi único interés en ese instante era que la niña no llorase y estuviese contenta en mis brazos», comenta su madre. Por su parte, para José Mario «fue un impacto muy grande. Después de casarme con Ana, esto es lo mejor que me ha pasado». A pesar de que Ying es un nombre muy bonito, Ana Mª y José Mario decidieron llamar a su hija Elena para que tuviese un nombre español. Pero tampoco quisieron quitarle su nombre original, y se lo pusieron en segundo lugar. Así, cuando Elena Ying Cabo García sea mayor, «usará el que más le guste», explica la pareja. Los primeros días con la niña no fueron tan buenos como habían imaginado, ya que la cuidadora no les había dicho que la niña tenía un grano de gran tamaño en la cabeza, lo que preocupó bastante al matrimonio. «Nos asustamos muchísimo», afirman ambos. Pero al final todo quedó en una pequeña preocupación, y tras permanecer quince días en China José Mario y Ana Mª volvieron a España con Elena Ying. El primer mes de Elena en Lourenzá ha sido muy bueno. «La niña cada día está más contenta. Es muy cariñosa; nos quiere mucho», dice Ana Mª. Ahora sólo falta esperar a que Elena Ying crezca feliz y se integre completamente en esta localidad de A Mariña, cosa que no preocupa a sus nuevos padres: «Ahora la gente es mucho más abierta que antes y estamos completamente seguros de que no va a tener problemas». Por último, esta pareja anima a la gente para que adopte a los niños que no tienen hogar. ¿Por qué? «Es una experiencia maravillosa». Ellos son un claro ejemplo.