En directo | Medio siglo del IES San Rosendo Los actos que celebraron los cincuenta años del instituto de la ciudad episcopal acabaron con una comida en la que una gran tarta reflejó el ambiente festivo del día
28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El instituto de Mondoñedo limita al este con el bosque de Silva y al oeste con la alameda; y así, entre árboles por un lado y por otro, no sorprende que lo que más distingue al edificio sea un jardín. En la entrada del edificio se cultivaron plantas, se regaron flores: creció la vida. Dentro, en las aulas cuyas ventanas dan a los alumnos el privilegio de pasar sus horas docentes entre árboles, se cultivaron vocaciones, se regaron enseñanzas: creció también la vida. Y mucha vida se reunió el sábado en Mondoñedo. Se juntaron vidas jóvenes y vidas algo mayores, recuerdos de épocas recientes y evocaciones de períodos lejanos. Profesores, ex empleados y ex alumnos se juntaron para convertir sus pasados en una asignatura de aprobado general: los que llenaron las aulas en sus primeros años y los que nacieron cuando los primeros alumnos ya habían pasado varios exámenes de la carrera de la vida coincidieron en recordar su paso por el instituto como un período decisivo. Calor humano Los actos del sábado tuvieron, por supuesto, el calor del reencuentro. Acaso por eso, y porque estamos en el mágico Mondoñedo donde siempre hay un poco de misterio, el sol calentó lo justo, porque la temperatura humana de la jornada no requería termómetros disparados. Lo que sí se disparó fue un inmenso conjunto de sensaciones, de evocaciones, de nostalgias. Los profesores jóvenes son hoy docentes maduros, los alumnos jóvenes tienen más años, y todos, seguramente sin excepción, dirían que tenía razón Max Aub, un escritor golpeado por el exilio, cuando dijo que uno es de donde hace el bachillerato. Por las aulas del instituto San Rosendo pasaron muchos bachilleratos y muchos bachilleres, y pasaron muchos profesores que quedaron de una manera u otra. Entre los profesores que se quedaron para siempre, unidos no sólo al centro sino a Mondoñedo, estaban Francisco Mayán, primer director y cronista oficial de Mondoñedo, y Juan Puchades, escultor que hizo de la ciudad su refugio creativo. Brindis especial Entre los alumnos estaban muchos que llegaron en épocas sucesivas, pero unidos por una sensación común: las derivadas, las traducciones de latín o los análisis sintácticos son hoy pequeños contratiempos, gotas de agua en el océano de buenas sensaciones que representa el paso de todos por las aulas del instituto. Y si se habla de buenas sensaciones, no se puede olvidar la comida del pasado sábado. Tras los langostinos y la carne con guarnición llegó la tarta, grande y sabrosa como la alegría más o menos declarada que todos, como no podía ser de otro modo, tenían en una fecha tan señalada. Y como era una comida de fiesta, llegó el brindis. Francisco Mayán deseó larga vida al instituto, y todos alzaron las copas, que tenían, aunque no lo supiesen, unas gotas del licor de la nostalgia.