LA TRIBUNA | O |
21 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HACE POCO me hablaban de mi abuelo y me decían de él que era un hombre de palabra. Con esa frase redundaban en algo que ya sabía, que era un hombre bueno y que hasta su muerte hace ya varios años, caminó con sonrisa franca por la vida, apacible y tolerante y siempre con la palabra como herramienta de entendimiento. Nadie en la familia le recuerda con una palabra altisoante, siempre con ánimo conciliador y dialogante incluso en las peores situaciones. Ayer, escuchando hablar de La pelota vasca, vino su recuerdo a mi memoria. Palabras que no son de honor, como en el Medievo, ni del niño Jesús, como nos enseñaban en el cole las monjas; palabras, que aunque lo diga la sentencia popular, no se las lleva el viento Lo más importante de la película de Medem no es, curiosamente, la puesta en imagen, sino la visión, con las palabras que nos ofrecen un buen puñado de personas sobre una sociedad, la vasca, que está en lucha consigo misma y a la que se identifica con el terrorismo de ETA continuamente. A medem y su obra, un documento que quedará para la historia, algunos le han querido cortar las alas de una libertad de expresión que reconoce nuestra Constitución.