Diario de peregrinos Los peregrinos viveirenses ya han puesto fin a su ruta jacobea, desde Roncesvalles. En Compostela cumplieron los rituales en la catedral. La experiencia valió la pena.
14 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Suso, Pepe y Paco trazaron ayer por la mañana sus últimos 3,5 kilómetros, los que distan desde el albergue del Monte do Gozo en el que habían pernoctado hasta el centro de Santiago, adonde llegaron pasadas las diez de la mañana. Después de obtener la compostelana que acredita que han realizado el camino de cabo a rabo, presenciaron la misa del peregrino y hasta se fotografiaron con el arzobispo, Xulián Barrio. Y cumplieron al dedillo con los rituales de todo buen peregrino: cruzar la Porta Santa (antes del oficio religioso la cola era «infernal», palabra de Suso), abrazar al Apóstol, visitar su tumba y admirar el Pórtico da Gloria. Y después, a comer con las esposas y cumplir otro ritual muy común en la sociedad moderna: las compras. A media tarde los pillamos en Hipercor, justo en el momento en que se toparon con Amadora, la abuela del grupo artístico Os Tonechos, y a quien le recordaron que uno de ellos, Roberto Vilar, es paisano de A Mariña, de Xove. Los tres han sentido en sus propias carnes las locuras del clima. Viento, nieve y frío han sido sus peores experiencias. Ayer, el día D, disfrutaron con un tiempo agradable, tanto como haber llegado al destino. Otros «efectos colaterales» indeseable también ha sido sufrir «ampolas, tendinitis» y pegarse madrugones. La etapa más difícil ?na vez más, del cielo llegó el principal inconveniente que se encontraron en el primer tramo a Roncesvalles (a lo que sumaron 28 kilómetros cuesta arriba), en el de Cruz de Ferro hace quince días y en el de Samos, que recorrieron «chovendo todo o día». ?uso no lo duda: cocido maragato. De él disfrutaron de lo lindo en tierras leonesas,que da fama a la región de Astorga. Recuerdan a Christian, arquitecto francés de Toulousse al que apodaron Napoleón por el parecido físico que apreciaban, y otros peregrinos con los que hicieron muy buenas migas, de Pamplona, Cataluña... «Que te encontras con moita xente, cada un coa súa razón por facer o camiño». La de ellos, dice Suso, ha sido «relixiosa». De hecho, los domingos que podían no se perdían misa. Anécdotas hubo mil, como las festas rachadas que improvisaron con gaita y tambor. El chubasquero los «salvó» en más de una ocasión. Sin duda, la familia, con la que ahora regresan y con nuevos ánimos porque el Camino invita a «reflexionar». ¿Volverían? «É duro», dice Suso.