Testimonio | Coral Polifónica Alborada de Viveiro
06 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La Coral Polifónica Alborada de Viveiro tiene muchos años o pocos meses, según se mire. Salvando las diferencias viene a ser como esas entidades que a su nombre actual anteponen aquello de «antes». Pues antes, lo que ahora canta bajo el bello nombre de Alborada lo hacía bajo otro mucho más largo y confuso con el cual, lo quieran o no, será todavía reconocida por muchos donde vaya, hasta que el nuevo nombre se asiente y cobre fuerza. Haciendo honor a su nuevo nombre, la coral ha despertado de un largo sueño de casi veinte años. Y lo que había sido un sueño en sus principios y ya era realidad en el momento del despertar se hizo evidente al dar sus primeros pasos. Las primeras actuaciones de Alborada dejaban claro que su mayoría de edad quedaba atrás, que su madurez se había consolidado mucho antes de romper con el pasado y que este pasado no habría de quedar en el olvido porque era suyo, más suyo que de nadie. Pasa en las mejores familias. Las palabras no sirven para entenderse cuando los gestos las desmienten o las voluntades no acaban de encontrarse. La dirección o la directiva de la sociedad a la que pertenecía la nueva coral tenía con la misma cuentas pendientes que no llegaron a resolverse de forma satisfactoria. Si pudo o no pudo llegarse a un acuerdo es cosa del pasado, un pretérito imperfecto y hasta puede que un condicional. Nunca sabremos si pudo o no pudo ser. No fue, y eso importa mucho más que encontrar culpables de la disensión. Por un haba no se estropea el caldo; por un buen puñado de ellas puede que sí, pero esas son reflexiones que están de más cuando el cocinero se muestra dispuesto a cambiar el menú. Sopa de arroz y no se hable más. Según dicen, la mencionada sociedad se ha decantado por crear una nueva coral. Hay que desearles mucha suerte y un poco de memoria: en Viveiro hubo hace años media docena de corales, un arrecife coralino que duró lo que tenía que durar. No es tan fácil apuntarse al bombardeo como soportarlo estoicamente año tras año y ensayo tras ensayo. Desgasta mucho y no sólo son necesarias la dedicación y el entusiasmo, sino los resultados a medio y a corto plazo. No hablamos de voces; hablamos de un grupo constituido y de su cohesión interna. Así fue como salió adelante Alborada cuando no era Alborada sino uno más de los champiñones cantores que brotaron al unísono hace tantos años. De aquello, de aquel tesón, queda el recuerdo del progreso constante y sostenido que llevó a sus componentes desde el grado elemental de aficionado al de integrante de una coral capaz de vérselas y entendérselas con partituras de Mozart, Palestrina o Vitoria. Y todo ello en un ambiente en el que no se valoraban debidamente este tipo de expresiones musicales y se redundaba en lo folclórico para salir del paso. Y en muy poco tiempo. En el recuerdo de todos, incluidos los testigos de los primeros ensayos, está la dificultad extrema a la que se enfrentaba el director para sacar adelante su tarea. Que no es tan fácil cuando el coro está integrado por elementos ajenos por completo al solfeo y sus escolllos. Había que verlo para dar crédito a los resultados de un procedimiento rayano en lo rudimentario: ensayo por cuerdas, día tras día, siguiendo la voz del director e imitándola en un sistema que en toda justicia podría llamarse boca a boca. Y que, además, y contra lo que en un principio pudiera parecer, no recordaba para nada a un colegio. Por el contrario, allí siempre había alguien que se permitía expresar su opinión sobre alguna frase, cantándola en solitario y sometiéndola a discusión general más que aprobación del responsable de las corcheas. Al final, lógico, la opinión y el superior conocimiento del director acababan conformando a todos. Nada que ver con la formación que cada uno de los componentes se ha dado a sí mismo o ha aceptado para sostener ante sí una partitura que no fuese un mero elemento decorativo. Ha llovido mucho desde aquellos primeros días. Han llovido aplausos y felicitaciones y lo que parecía más masa que coral acabó transformándose en lo que ahora mismo puede escucharse en cada uno de sus conciertos y grabaciones. Por encima de todo, el grupo ha ido ganando a pulso el cariño del respetable, sea local o periférico, provincial o nacional, hasta conseguir que, a nivel local, se le escuche con no poco orgullo, y al resto de los niveles, con el máximo respeto y admiración. También agradecimiento, por los lugares y paisajes a donde ha llegado este grupo jamás había llegado antes semejante tipo de música. Enlatada puede, pero en vivo seguro que nunca. Cuesta creer su historia última, los últimos y desagradables episodios de su existencia. No importa. O importa lo justo y no más allá. Sin acritud, mirando hacia atrás sin ira y entonando la canción del olvido , la Coral Alborada de Viveiro comienza su nueva andadura y se abre al mar de la música dejando atrás una estela de esfuerzo y dedicación. Que los semitonos les sean propicios.