La morriña de los caminantes

La Voz M. G. B. | VIVEIRO

A MARIÑA

Diario de peregrinos | De Castrogeriz a Población de Campos

29 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Nuestros tres peregrinos viveirenses están ya en la palentina tierra de Campos. Han dejado atrás Frómista y han realizado parte de su ruta de ayer en torno a esa otra ruta mágica que marca el canal de Castilla. Campos de cereales se extienden hasta la línea del horizonte. Ambas partcularidades marcan las sensaciones de las que hablan Paco Gueimunde, Suso Fernández y Pepe Bermúdez. «El cambio del paisaje es impactante, desde el alto de Colmenares el camino es una recta contínua. Ves los pueblos desde largas distancias, y como atravesábamos acequias nos acompañaba continuamente el croar de las ranas», comentó Paco. En la época de «construcción» del Camino de Santiago, allá por la Edad Media, los monasterios de la ruta entre Palencia y León esperaban como agua de mayo la remesa que los campesinos les traían de ancas de rana. Eran uno de los tributos anuales que pagaban, manjar suave y delicioso para los paladares exigentes de los monjes de antaño. Los peregrinos viveirenses no las han degustado, «no tuvimos ánimo para comer ancas de rana», explica entre risas. A Suso le entró ayer morriña del azul del mar de Celeiro. «Houbo un momento no que tiven a impresión de que estaba no monte Faro vendo o mar que se perde no horizonte, en vez de azul, todo verde», explicó a través de un móvil que sólo funcionaba -lo que son las cosas- en la habitación del albergue. Y añade: «É que tes tempo para todo. Tes tanto camiño por diante que podes rir, cantar coma onte os catro Vellos Mariñeiros, reflexionar...». Ha sido un lapsus. Deja la ensoñación y suelta un divertido «Pepe mete o turbo e xa no o vemos ata a hora de comer. Está moreno, tanto, que cando chegue a Viveiro van pensar que en vez de no Camiño, estivo en Cuba».