Burela encogió y Cervo creció

A MARIÑA

XAIME F. RAMALLAL

Reportaje | El fenómeno de un deslinde La última delimitación oficial revela que los territorios de esos dos municipios han variado sustancialmente respecto al año 1994, cuando la Xunta bendijo su segregación

13 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?rrores en las mediciones anteriores o en las actuales, confusiones de datos involuntarias o no, cambios de los límites... Lo realmente complicado es averiguar las causas de un fenómeno que sorprenderá a más de uno y que, en cualquier caso, dejará a pocos impasibles. Porque, a ver cómo puede explicarse que en sólo una década las dimensiones de dos municipios que antes eran uno hayan variado, tanto individualmente como en conjunto. Por extraño que pueda parecer, eso ha ocurrido con Burela y Cervo, pueblos nacidos de una segregación bendecida por la Xunta en el año 1994. Para los escépticos y los incrédulos, que los habrá en esas dos poblaciones y en otras muchas, nada mejor que remitirse a los datos oficiales, que a la postre, guste o disguste, son los válidos. La Subdirección General de Régimen Jurídico Local, adscrita al Ministerio de Administraciones Públicas, modificó el pasado 8 de octubre la inscripción en el registro de entidades locales de esos dos municipios. A Burela le asignó una extensión de de 7,78 kilómetros cuadrados y a Cervo, de 77,86 kilómetros cuadrados. Hasta ahí todo normal, si no fuera porque en diciembre de 1994, cuando la Xunta permitió que esas dos localidades se divorciasen, desde el propio Gobierno gallego se afirmaba que el territorio de Burela medía 8,1 kilómetros cuadrados, por 74,9 del de Cervo. Basta echar cuentas para descubrir que respecto a entonces Burela parece haber encogido porque ahora tiene 0,32 kilómetros cuadrados menos. Por contra, de Cervo podría decirse que ha crecido ya que hoy mide 2,96 kilómetros cuadrados más. Por si fuese poco, resulta que el territorio que abarcaban ambos cuando todavía eran un solo municipio también parece haberse agrandado, ya que hace una década se extendía a lo largo y ancho de 83 kilómetros cuadrados y ahora ocupa 85,64, nada menos que 2,64 kilómetros cuadrados más de superficie. Los datos del año 1994 aparecen detallados en la memoria del informe socioeconómico encargado por los vecinos de Burela que promovieron la segregación. La Xunta los asumió como propios, pero no las autoridades locales de Burela y de Cervo. Una vez constituidas las corporaciones locales de los dos nuevos municipios, el Gobierno gallego dejó en sus manos el reparto de bienes, cargas y territorios. Quizá sin haber pensado en las consecuencias, destapó la caja de los truenos y abrió heridas que más tarde logró restañar con una importante inyección económica, reconocimiento explícito de que la secesión había perjudicado a los dos pueblos. El reparto de territorios fue, precisamente, una de las batallas más arduas que tuvieron que librar las autoridades locales. En enero del año 2000, después de múltiples intentos frustrados de pactar el deslinde, los gobiernos populares de Burela y de Cervo optaron por dejarlo en manos de la Xunta, también regida por el PP. Comisiones formadas mayoritariamente por concejales de los diferentes partidos y por vecinos fueron incapaces de ponerse de acuerdo. Todos creían que sus respectivos municipios salían perjudicados con las pretensiones de la parte contraria. Atascados en un callejón sin salida, y con la Xunta trabajando ya en el deslinde, la luz al final del túnel la vieron en los vecinos. Sin interferencias políticas y tomando como referencia, entre otros, planos de la época y de 1750, ciudadanos cervenses y burelenses diseñaron por separado sus propias propuestas de deslinde. Finalmente, con menos reuniones que los políticos y más trabajo sobre el terreno, el 31 de mayo del 2000 salió la fumata blanca del consenso, fervorosamente aplaudida por los políticos porque así se desbloqueaba el acceso a las ayudas de la Xunta.