Donde dije digo digo Diego

A MARIÑA

LA TRIBUNA | O |

24 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA REALIDAD, inmutable para el común de los mortales, se vuelve materia maleable y dúctil para la clase política. Y buen ejemplo de ello es lo que está ocurriendo con el polémico trazado de la autovía en el Occidente asturiano. En plena campaña electoral, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, afirmaba -a preguntas de los periodistas, de inauguración en inauguración- que si el PSOE gobernaba el país se modificaría el trazado de la ignominiosa infraestructura made in Cascos. Pero, ¡oh, sorpresa! Tras extender cheques en blanco con promesas varias -supongo que convencido de lo casi milagroso que resultaría derrocar al PP-, Areces tiene que hacer frente ahora al «compromiso» de modificar el trazado de la autovía. Y ahí es donde hay que reconocer que los políticos están hechos de otra pasta, porque lo que hace poco más de un mes se podía, e incluso se iba a hacer, ahora ya es «irreversible», aunque se intentará. Que Cascos había dejado bien atado por donde iría la autovía era de una evidencia aplastante. Pero lo era ayer y hace cuatro semanas. Cuando compras algo que no resulta como esperas te devuelven el dinero. ¿Y los votos?