LA TRIBUNA | O |
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DE NUEVO a las puertas de un nuevo ejercicio democrático, entendiendo por ello la capacidad que tenemos los ciudadanos de hacer pasar la reválida a nuestros políticos cada cuatro años, la sensación es de escepticismo. Al igual que las leyes de la ciencia, en las que se postula que la energía no se destruye sino que tan solo se transforma, en muchos casos a conveniencia, así les ocurre a nuestros políticos candidatos a sentarse una vez más en los foros de Madrid donde se habla, se decide, se pacta, se ejecuta y muchas veces se olvida. Puesto en marcha oficialmente de nuevo el gran circo mediático electoral es imposible no sentirse como espectador de un partido de tenis, con pelotas sustituidas por promesas de unos y otros. Y después de escuchar el tremendo cruce de palabrería entre los contendientes la tentación es la de cerrar los oídos a cal y canto y que se entiendan porque cada vez es más cierto aquello que dijo un publicista alemán, experto en moda, señalando que si los políticos sustituyeran los tediosos debates en las cámaras por su presencia diaria en las calles, los gobiernos serían más responsables con sus ciudadanos que les eligen para gobernar y no para hacer y deshacer durante cuatro años a su real gana. Palabrería a la que nos ajena A Mariña, que se deja llevar por la inercia de sus representantes y en pocas ocasiones, escasísimas, se echa a la calle a pedir lo que le corresponde como ciudadanos de este país, que no a rogar a un político como muestra de vasallaje. Esperar, esperar siempre a que caiga la breva, que sólo lo hace cuando está madura de más y llega demasiado tarde, parece el destino de esta comarca que por arte y gracia de nuestro políticos sigue estando en el furgón de cola de todas partes..