LA TRIBUNA | O |
21 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN POLÍTICA escasean los misterios. Quienes más se lucran a costa del cargo acaban justificando su trabajo por el bien común, visten la prevaricación y el nepotismo de buena fe y vapulean a quienes se atreven a cuestionar su gestión. Tampoco hay inocentes, aunque en tiempos electorales proliferen las miradas cándidas. Ni sorpresas. Los partidos y los políticos se repiten en cada cita electoral, siempre previsibles. El único misterio que nos queda, entre tanta mentira, tanto mensaje demagógico y tanta autocomplacencia, es el barril verde que, de vez en cuando, el mar arrastra hasta la playa. Encontrárselo produce una ilusión inmensa y es costumbre que quien primero lo toca se lo quede. A los políticos es mejor no tocarles, por si acaso.