La casa de Severo Ochoa, una cetárea

A MARIÑA

LA TRIBUNA | O |

07 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

NADIE DUDA, a tenor de lo visto ayer en Luarca, que la memoria de Severo Ochoa, su hijo más internacional, está viva y bien viva. Se acaban de cumplir diez años de la muerte del Nobel luarqués y su tierra ha querido honrar su memoria. Un completo programa de conferencias impartidas por los más prestigiosos investigadores de este país ha dejado claro que el legado de Ochoa tiene más fuerza que nunca. De eso se encarga su más fiel discípula y amiga, Margarita Salas. Acaba de cumplirse una década de su muerte y dentro de dos años habrá que celebrar el centenario de su nacimiento. Ahora todo el mundo, todas las instituciones _Principado, Universidad, entidades bancarias, Ayuntamiento_ se apresuran a anunciar su colaboración para honrar la memoria de Ochoa como se merece. Es una lástima que en la década de los 80 esas mismas instituciones no lograran ponerse de acuerdo para honrarle en vida. En aquel momento podían haber comprado su casa natal, una hermosísima construcción indiana situada en Villar, que hoy es la sede de una cetárea. Entonces no pudo ser. No hay casa-museo. Y su legado tampoco descansa en Luarca. Está en Valencia. ¿Por qué?