LA TRIBUNA | O |
25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ES UN AGOSTO desgraciado y atípico. Atípico por el calor, que no se recordaba tan intenso desde hace tiempo; por el chapapote, que acompañó durante el verano a los bañistas y estos, pese a ello, acudieron como siempre o incluso en mayor número; por los días de sol que permitieron fichar casi a diario en las playas. Agosto parecía una versión mejorada de A Mariña, pero este mes de fiestas, excesos gastronómicos y celebraciones ha mostrado también otra cara. La de la gente que reclama servicios que no tiene, como las de los vecinos de Foz pidiendo algo tan básico como la presencia permanente de un médico y un ATS. Y ha tenido aún algo peor: muertos en accidente aéreo, como el de Ribadeo; el niño que pereció en Foz, alcanzado por el tren; el obrero que falleció en accidente laboral en Alcoa; personas ahogadas y ayer mismo un incendio que arrasó una ferretería en Ferreira do Valadouro y que se saldó sólo con daños materiales porque, pese a todo, hubo suerte de que no soplara viento. Ante las cuestiones que nos desbordan solemos consolarnos pensando que era una desgracia inevitable. Es humano, pero hay que cuidarse de que en lo posible funcione todo como debe.