En una tarde seca como la de ayer la senda que recorre el borde costero de Castropol es una invitación a pasear que algunos vecinos aprovechan. Al fondo, bajo el sol, Tapia; al otro lado, ya un poco difuminados bajo la bruma, Foz y Burela. Algunos paseantes hacen un alto en su camino, pero no para gozar de la espléndida vista sino para mirar hacia abajo, hacia los acantilados de la Punta del Maste en los que tres personas se mueven con más diligencia que dificultad. Son voluntarios de la Cruz Roja del Eo, con sede en Figueras. Su misión es clara: limpiar los restos de fuel que en los últimos días han ido apareciendo en los acantilados del municipio. Pero su objetivo se encuentra con dificultades: no valen los días de temporal, porque un golpe de mar podría ser fatal; ni todas las horas del día, porque con marea alta no se puede llegar a las calas. La Cruz Roja tiene lancha; pero no sirve para llegar a esas zonas rocosas, porque podría dañarse en el fondo. Así que no queda más remedio que esperar la bajamar y armarse de valor y de unas buenas botas para superar la clara pendiente y llegar a las rocas. Allí estaban ayer la responsable de la agrupación, Begoña Díaz, y dos compañeros luchando contra las manchas. Desde arriba el fuel apenas se ve; pero una vez abajo se comprueba que unas manchas negras salpican las piedras y que una masa oscura parece unirlas más entre sí. La tarea de los voluntarios requiere paciencia: hay que retirar el fuel de la superficie, pero también es necesario levantar las pequeñas piedras, tomar la espátula y rascar hasta que el fuel se desprende. Poco a poco se llenan los cubos, lo que produce alegría y preocupación: «A ver cómo los subimos», dice Begoña Díaz. Su trabajo empezó hace días, motivado por la llegada de restos de fuel a las playas del Occidente y de A Mariña, y avanza de oeste a este. Comenzó en la Punta de la Cruz, y se espera llegar hasta Peñarronda, ya en el límite con Tapia. El esfuerzo da sus frutos, y cuatro horas de trabajo, de 14,30 a 18,30, en un día como el de ayer permiten retirar unos cincuenta kilogramos de fuel. Los voluntarios han pagado de su bolsillo algunas de las herramientas de limpieza, pero ni eso les hace perder el buen humor. «No te nos manques», le oye decir el periodista a Begoña Díaz cuando empieza a subir el camino de vuelta por el acantilado.