Caminar por una promesa

Mar García VIVEIRO

A MARIÑA

J. A

Dos mariñanos, de Celeiro y Xove, realizaron a pie trescientos kilómetros hasta el santuario asturiano de la Santina, a través del Camino del Norte y el de Jarrapello

21 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue el poeta Antonio Machado el que dijo que «no hay camino, se hace camino al andar». Andar, a través de carreteras, senderos y montañas fue lo que hicieron José Ben Pernas, de Xove, y José Antonio Santos Méndez, de Celeiro, durante siete días, a lo largo de trescientos kilómetros, hasta llegar a los pies de la Santina, la señora de Covadonga. Caminar por placer es una cosa; por cumplir una promesa el camino es otro, se llena de sentimientos y de recuerdos. El artífice de este peregrinaje a Covadonga fue José Ben, propietario de Os Faroles; Santos, el compañero de fatiga En el origen de todo están la madre y una tía del primero de los caminantes. «Elas fixeron a promesa de peregrinar a Santiago, unha viaxe que non puideron facer porque morreron e eu prometín cumplir esa promesa pendente», cuenta Ben. Las promesas no debe llevárselas nunca el viento, ni siquiera el sopla con fuerza del Norte. Un accidente dilató el viaje pero, al fin, Compostela recibió hace un tiempo a este peregrino «por delegación familiar». Y quien camina con un objetivo, acaba encontrando otros sentidos a otros muchos senderos trazados por gentes de todos los pueblos a lo largo de los siglos. «O de Santiago saliu ben, e poiden decir, santas e boas, pero entón prometín camiñar ata Covadonga, en Asturias». Pies «blandos» de ampollas que van cicatrizando, aliento que se recupera lentamente después del esfuerzo, físico y emocional, en el asiento de un autobús que ayer deshacia los kilómetros andados durante una semana con la comodidad de la «civilización». Ambos iniciaron su particular peregrinar al santuario de La Santina el pasado jueves 14 de noviembre. La primera ruta, relativamente fácil, sigue el trazado, a la inversa, del Camino del Norte hasta Gijón. «Qureiamos un camiño determinado, e chamamos á Asturias para que unha peña non mandara o mapa do camiño chamado de Jarrapello, que vai de Gijón a Covadonga», explican. En el cuerpo se meten una media de 45 kilómetros al día, «dependendo dos lugares donde íamos durmir». Pensiones y hoteles, cuando los albergues, «moitos deles», están cerrados. Los dos últimos días, la etapa ya es de montaña, el camino de Jarrapello «corta por montes e sendeiros, subes e baixas durante setenta kilómetros falando pouco, porque facía falta todo o alento», añade Ben. Lo peor no son las condiciones del camino, «algunha xente cambiábanos a ruta, atrasándonos, nunha ocasión fixemos ó revés cinco kilómetros, e eso doe, porque vas cansado e encima fanche esto», dice. Pero a lo lejos está La Santina, «e tés que seguir o camiño».