LA TRIBUNA
20 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.LOS SERES HUMANOS tenemos un método de autodefensa psicológico primario que implica pensar que lo malo, cualquiera que sea su índole, no va a tocarnos nunca a nosotros. Claro, los hay tremendistas, pero son la excepción. En realidad, confiamos en que ante una situación de riesgo los responsables de este país tengan todo lo más a punto posible. La marea negra del Prestige no sólo está dejando en parte del litoral gallego un desastre ecológico, económico y social. Está dejando en evidencia tres hechos clarísimos: Cuando llega el momento, nuestros políticos no son capaces de atajar un problema grave de forma eficaz; los medios no son, ni tantos como suelen vendernos ni tienen capacidad operativa suficiente, y por último, practican la desinformación y el control férreo de la misma. Por un momento, imaginen que lo del Prestige hubiera ocurrido en A Mariña. Hagan memoria y recuerden cómo temblaron los cimientos de esta comarca cuando los efectos -bidones- de otro barco, el Casón, trajeron otra marea que «arruinó» la Navidad mariñana de 1987. El hombre sigue tropezando las veces que haga falta con la misma piedra, no aprende las lecciones ni actúa en consecuencia.