La justa medida de las cosas

A MARIÑA

LA TRIBUNA

17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

CORREMOS PARA llegar a ninguna parte. Nos preocupamos por las cuestiones que no tienen importancia. Vivimos agobiados por las prisas. Vamos a tanta velocidad que no nos da tiempo a mirar, a detenernos, a tomar contacto con nuestra propia vida. Es en la gente mayor, en los abuelos, donde reside esa capacidad de ver las cosas en su justa medida y de relativizar los acontecimientos, donde existe esa filosofía que sabe separar lo importante de lo accesorio y que sabe aceptar situaciones que años antes nos resultarían insoportables. ¿Será por una cuestión de experiencia y sabiduría o por acomodo de la edad? Las razones quizás no importan demasiado. Lo interesante es poder encontrarnos alguna vez con una sonrisa como la de Amalia Viyuela. Una abuela centenaria que en dos frases escuetas y con una sonrisa llena de encanto y de paz le dice a su hija que la quiere mucho y que está feliz de que la cuide. Amalia -hija- se declaraba ayer mujer afortunada por tener la suerte de cuidar a su madre, de estar con alguien que la quiere. Decía que vivir el amor en plenitud, como lo vivió su madre, viene a ser lo mismo que ser consecuentes para hacer lo que hay que hacer en cada momento. En este universo de inconsecuentes es, pues, casi una obligación, alegrarse de que exista Amalia y su madre, o Angelines y la suya o una hija que cuida a un padre con cancer terminal. A veces hacer lo que hay que hacer no parece que esté al alcance de cualquiera. Los abuelos acaban solos en los asilos, pasado ya el tiempo en que fueron útiles como «canguro» de unos hijos demasiado ocupados en correr a ninguna parte.