Iván y Andrea ya son marido y mujer

A. F. C. VIVEIRO

A MARIÑA

XAIME F. RAMALLAL

Los jóvenes y sus familias celebraron el casamiento y el banquete en Viveiro siguiendo, paso a paso, el ritual de la etnia gitana Andrea Montoya Vargas, de 18 años, e Iván Monteiro Salazar, de 20, se casaron ayer en Viveiro siguiendo, paso a paso, el ritual de la etnia gitana. El casamiento comenzó el viernes por la noche, con la ceremonia del pañuelo blanco, que prueba la virginidad de la joven. «Andrea, lo has hecho bien / Andrea lo has demostrado / Has demostrado tu honra / a todo el pueblo gitano». Así le cantaban los familiares convidados al banquete, más de cien. El cortejo partió de la casa de la novia hacia el lugar del culto. Ella, vestida de color marfil, del brazo del padrino. Él, de traje negro, impecable. El festejo duró hasta la madrugada, al ritmo alegre de la rumba.

16 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El noviazgo de Andrea, de O Pedregal (Viveiro), e Iván, de Ferrol, duró nueve meses. «Estoy muy contenta. Si no, no me casaría, claro». La novia esperó tranquila la aparición del padrino, que la condujo al coche, junto al novio, y de allí al altar. La madre, Maximina, las otras mujeres y las niñas observaban a Andrea con admiración. El vestido color marfil realzaba la belleza de esta joven, de aspecto serio, que se dejó fotografiar con sorprendente naturalidad. Por medio rondaba Eva María. «Busco novio, ponlo, ponlo». «¡Desesperada!», reían sus amigas. «Todo lo hacemos nosotros, menos los vestidos». Y es que Andrea lució cuatro trajes distintos, según manda la tradición gitana. El de novia, color marfil; otro blanco con brillantes; y dos vestidos de noche, para la gala. Una costurera diseñó el camisón que lució Andrea mientras probaban su pureza con un pañuelo blanco. Los parientes prepararon el menú: carnes, ensaladas, salpicón, fabada... Y la rumba sonó durante horas. A la novia le lanzaron almendras, el símbolo de su virginidad, y la alzaron en brazos. Iván y Andrea ya son marido y mujer.